Laboratorio 27 de diciembre: Cuento de navidad
Comentaremos textos escritos por los participantes y haremos actividades de escritura en el momento, que nos pueden servir como semillas para la sesión siguiente o no.
Cada sábado tendremos una consigna sobre la cual escribir. Los textos se tienen que poner en los comentarios de la entrada pertinente antes del viernes anterior a la sesión. Podemos poner el texto tal cual o un enlace a un sitio donde leerlo. Los textos tienen que tener, como máximo, 900 palabras. Cada participante tiene dos compromisos: a) Escribir un texto y b) Leer los de los compañeros.
El laboratorio tendrá un número limitado de participantes. Para cada sesión podrán asistir quienes cumplan las dos condiciones anteriores, por orden de presentación de textos. Pedimos a todos los participantes honestidad y buen rollo.
La consigna en esta ocasión es escribir un relato inspirado en alguna fecha de estas fiestas. Puede ser navidad, nochevieja, San Esteban o el día de los inocentes.
Tenéis que escribir vuestros textos y ponerlos en los comentarios de esta entrada, bien pegando directamente el texto, bien poniendo un enlace donde leerlo hasta el jueves anterior a las 12 de la noche. Tenemos hasta la sesión para leer los relatos de los demás.
Cualquier duda la podéis preguntar por el grupo de Whatsapp.
25/12/2025 @ 11:57 pm
Cartas sin marcar
¿Qué Navidad no extrae de la condición humana su compasión?
Ese era el lema del padre de Tiny Tin , Bob Cratchit que no convencía a su hijo, delicado y enfermo. Su padre emanaba esa generosidad pusilánime. Lo respiraba su mujer y su hijo pues Ebenezer Scrooge era la némesis navideña.
De qué sirven la luminiscente Navidad si el cuerpo discurre entre hambre y fatal frío. Caso de Gaza o de Ucrania. Pero la ucronía pretendida no es esta.
Bien lo sé. Qué puede hacer el ángel del pasado, e incluso, del presente. Nada. Pero yo soy el ángel del futuro y en el futuro las realidades están por venir. Bien lo sabe Tiny Tin. Cada noche sueña conmigo y reclama cambiar su destino. Desea alterar las fichas que le han tocado. Una voluntad férrea difícil de ignorar.
¿Por qué su devenir lo determina la avaricia de tal personaje? Eso nos achaca, y nos hace responsables. Los ángeles del pasado, presente y futuro nos hemos centrado en Scrooge. El mundo gira alrededor de los ricos y poderosos ¿no? El cuento de Navidad de Charles Dickens es una simple conversión de Scrooge, de condenado al infierno pasa a salvarse gracias a los ángeles.
Qué fácil, ¿verdad? Nos pregunta airado.
Me duelen los tuétanos cuando me mira enfermo y débil. Quizá muera o quizá no, pero tiene derecho a un resarcimiento. Eso creo con mi bienaventurada Navidad a cuestas.
Entro en su sueño de 21 de diciembre del 2025 y habló con él. Le concedo un deseo o dos para que desde su modorra influya en Scrooge y altere el curso de su destino, es decir, del grupo humano que condiciona su imaginario. Acepta ipso facto, y me reclama que mantenga el iter angelical de Scrooge.
Quedo confuso, pero lo hago. Ebenezer recibe el ángel del pasado y el ángel del presente, y llegado a tal instante decide hacer uso de la gracia que le he concedido. Me reclama que sea él quien me sustituya como ángel del futuro.
“No puede ser”. Insisto en que “no puede ser”, pero tiene mi palabra y me debo a la justicia divina que me impide ir contra mis propios actos, salvo pasar al lado oscuro: a los ángeles negros.
Le cedo mi luz y Tiny Tim, vestido de ángel del futuro escenifica la última aparición. La que predice su futuro, el del mezquino Scrooge. Temo que reclame venganza al escuchar sus inicios.
“Tras la Nochevieja no amanecerás, morirás. Pero en tus manos está despertar en el cielo o en el infierno”. Eso le predice y asegura. Ebenezer no se inmuta, se limita a mirar al ángel del futuro: En qué lugar podrá ganar más dinero, eso piensa. Repasa la vestimenta de mi ángel, engalanada y dorada. Olfatea con su instinto de hombre rico.
“Al cielo. Al cielo directo”, se decide sin dudarlo.
Escucho a mi ángel que prosigue con su propuesta: “Muy bien, pero en el cielo podrás ser inmensamente rico o inmensamente pobre, de ti depende”
“Inmensamente rico”, contesta sin respirar.
¿Acaso había alguna duda?
“Muy bien, podrás llegar a ser el hombre más rico del cielo, pero primero debes entrar en el cielo y la entrada es cara, y hay que pagarla. Esa entrada asciende a las tres cuartas partes de tu fortuna que deberás entregar a la persona que más quieras. Piénsalo. Una vez en el cielo, esa cantidad la multiplicarás por mil”.
El silencio se instala en la boca de Scrooge. ¿Cómo no? No hay persona a la que quiera, ninguna por aquí y ninguna por allá. Cae un minuto con el silencio en la boca.
“Está bien. El familiar más cercano”
Se repite el silencio. Ebenezer se apretuja la sesera cuanto puede, no es posible que pierda la inmensa fortuna que le espera. No y no.
“Bien, si no tienes a nadie a quién darle la mitad de tus riquezas pasarás a ser el alma más pobre del cielo”.
Y claro, Scrooge suda, tiembla, se le escapan las lágrimas. Pero, zas, rememora los ángeles del pasado y del presente, mostrándole a su empleado al que le exige el sudor y la sangre por unas malas perras.
“¡Lo tengo!” Grita, alborozado. Nombra a su fiel y querido empleado Bob.
Mi ángel lo repasa dubitativo. “Ebenezer, Ebenezer, si tu conocida codicia te impide cumplir con Bob puedo asegurarte que perderás mil veces tu riqueza. Observa estos tesoros”.
Surgen visiones de multitud de joyas cuantos miles de monedas de oro y plata.
Los ojos de Ebenezer se redondean cual globos aerostáticos avariciosos.
“Ebenezer, acude a casa del notario, le despiertas cueste lo que cueste y haces constar en escritura pública que donas la mitad de tus riquezas a Bob. Ahora, en un par de horas, sino se deshará esta oferta para siempre jamás”.
Dicho, y Ebenezer salta de la cama y corre que se las pela.
Ebenezer grita al notario que levanta y obliga a redactar la donación.
Es vox populi que la Navidad ha enloquecido al miserable Scrooge, primero dona las tres cuartas parte de sus riquezas a su empleado y tras la Nochevieja acude al juzgado para denunciar a los ángeles del cielo. Le han engañado, no se ha muerto ni ha multiplicado su riqueza por mil.
En lo corte celestial me informan que abrirán una comisión de investigación.
26/12/2025 @ 11:05 am
Fin de año
Menudo año de mierda. Catástrofes encadenadas y golpes bajos. No puedo más, así que a por todo. Año nuevo vida nueva. En el carro de la compra lo único de valor que encuentro por casa. A ver cuánto me dan. ¿Te quedas también con el carro? Yo no lo quiero para nada. Me da la impresión de que me han timado pero ¿Qué más da? Ni loco hubiera entrado en un restaurante como éste. Voy vestido con el traje de la boda, el único bueno que tengo y que sigue pareciendo bueno. Me tratan como a uno más. Alucino con los comensales. Gente pija que me da repugnancia, enemigos de clase. Hoy me siento uno de ellos. Elijo los platos sin fijarme en el precio. Total, no voy a pagar. Vino del bueno, de mi tierra. Como con tranquilidad, saboreando. Esto no se va a repetir nunca. Después del postre, un copazo de whisky. ¿Puedo salir a fumar? Gracias, majo. Me recuesto en la puerta y saco uno de los porros que me dio Matías de propina. Hace veinte años que no fumo pero es como montar en bicicleta. Aspiro y retengo el humo. Todo se va colocando en su sitio. Tiro la colilla al suelo y me dirijo a la entrada del metro. Sin correr. Espero que en cualquier momento salga un camarero a darme el alto pero no sucede. Por fin algo que sale bien. Aunque no llevo chaqueta el segurata me deja pasar. Me pido un copazo. La pista de baile está a tope. Fin de año. Pensarán ¿Qué coño hace este viejo aquí? Busco un rincón apartado y saco la cucharilla. Parece de juguete «No tienes ni puta idea de cómo hacerte una raya, mejor con esto» Matías tenía razón. Un poco por un orificio, un poco por el otro. Subidón. De repente, todo brilla. Me siento eléctrico. Claro que te invito, guapa ¿En los baños? Por supuesto. Ella sí que sabe hacer las rayas, le salen perfectas. Me pasa el billete. Para adentro. No, no quiero que me la chupes. No sé que extraño quid por quo es éste. Sí, claro que me pareces bonita. Me pareces preciosa. Apestas a juventud. Me encantaría acariciar esa piel con mis nuevos super sentidos potenciados por la coca. Pero no, no he venido a esto. Mi polla está muerta. Completamente. Métete otra raya, tranquila, no soy un depredador. Es un regalo de navidad. me da un beso suave en los labios y me deja solo en el lavabo. Me miro al espejo. Tengo los ojos que parezco Drácula. Me río como un imbécil. Me paso agua por la cara y salgo a por otra copa. Estoy borracho y drogado. Mañana me espera una resaca de la hostia. Y pasado mañana… pasado mañana los abogados, los reproches, todos los problemas, la tormenta de mierda. Pero eso será pasado mañana. Ahora me meto otra cucharilla de coca, y salgo a la pista a bailar.