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6 Comments

  1. Yamir Ramirez
    19/02/2026 @ 4:48 pm

    Dos más y me voy:
    1
    2
    en realidad quiero una más y punto.

    Me caí al siguiente reglón, perdón la borrachera de escribir. Prometo no tomar más de una coma y menos de un punto.

    Ayer recé
    un padre
    tuyo al vino,
    porque el pan no tengo luego de pagar a hacienda,
    así que llevo
    una cruz
    con olor
    a alcohol.

    Y si el párrafo anterior es un martillo
    esta es la madera donde están los clavos
    que soportan ayeres sin amor sin pan.

    Y ya me voy
    sin decir
    un ay
    un
    a
    m
    e
    n

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  2. Julián
    19/02/2026 @ 6:21 pm

    Reply

  3. Luis
    19/02/2026 @ 6:54 pm

    Legolas

    Mi tía Eloísa me acoge con falso beso y ridícula sonrisa; intenso, mi tío Lucas con su manaza abierta me garrotea la espalda tal que pelota a lanzar por la escuadra. El muy bruto, avispado y visceral.

    Fue mi tío Lucas, hermano de mi madre, quién se empecinó gesticulando en la casa de mis padres: “Pamplinas, Legolas se acomodará en nuestra casa durante el curso en la Universidad, y se acabó. ¡Las bocas calladas como zorras por rastrojo!”.

    Mi tía, en las antípodas del clan de los Curros, se topó con dos goles: un tortazo por la derecha y el coscorrón por la cabeza. El lenguaje soez de mi tío le engendraba vómitos cual boca de cloaca, y a la par, la orfandad de cariño hacia nosotros, ergo, hacía mí, truncaba su beneplácito a que me aposentase en su piso de Barcelona. Un piso de tres cubículos: el de matrimonio; el de la niña, mi prima Justine de catorce años y más salida que coneja babeando la zanahoria; y en el último hueco, mi primo de ocho años, el Calígula psicópata, con su cama en colchón de noventa al ancho.

    Tras el saludo inicial, y sin otra preparación mental, me endilgan a Calígula, el nano pirado. Yaceré a su lado.

    Mi tío Lucas tirotea con bala de plata: “Os ayudará a conoceros”.

    Bien entrada la primera noche me cala una mojadura por mis pantalones de pijama a propio del Nilo preñando unas cataratas del Niagara. Revoloteo mi chola hasta que logro desabrochar mis ojos que visualizan al Calígula de pie sobre mí, sus piernas en V invertidas y desnudas con su mano en el pito, y yo en medio tragando sus meados. Al otear mis ojos abiertos apunta los meados a mi boca, cual muñeco poseído.
    Furibundo, le pego un manotazo a su tobillo derecho y lo revuelco como a cerdo por su gorrinera, pero, preparado, inicia una serie de chillidos tal que puerco al degüello. En menor lapso que morderse una uña, brota Eloísa y enciende el Faro de Alejandría mientras Calígula aúlla: “Se ha meado, se ha meado, no quiero un meón en mi cama. Mamá, no quiero, es un meón. ¡Mamá!”.

    “¿Te has meado, Legolas?”. Qué espera que le conteste: “Sí, tía, he meado a tu psicópata”.

    Asoma mi tío Lucas bostezante. Eloísa se arroja a su cara para vomitar que me he meado en la cama de su retoño. Su niño no se merece esta meada.

    Raudo, no espero, mi tío es el único flotador al que engancharme.

    “Lo lamento, pero estaba hecho un flan de nervios con esto de la Universidad. Me he tomado dos cubatas cargados y un wiski antes de presentarme aquí. Hipo unas cuantas veces al tiempo que saco unas lágrimas llorosas. Lo siento tío. Me he esforzado por no vomitar a Calí…, al peque, pero al final…, ha sido peor que un barril de cerveza”

    Se le pinta una sonrisa elefantina a mi tío. “Campeón, más que campeón. No te preocupes que tu tío te entiende perfectamente”.
    ………………
    Lilly, la gata de angora de Eloísa, se encuentra tras la cortina del balcón del comedor intentando morder los rayos solares. Su extremidad colea despuntando por la cortina y emerge en la sala de la familia Monster; mi tío con su libro “El señor de los anillos”, mi tía de gótica vampiresa y Calígula sentado en la mesa del comedor con una libreta guarreada papeando los deberes, aunque en realidad, su odio me vigila por la comisura de sus globos oculares. Ve poco y mal, pero su odio es insaciable.

    Me alzo del sofá y con un “Uf, qué calor”, me quito la braga del cuello. Camino con un libro universitario en las dos manos, abstraído, y al pasar junto a la cola de Lilly se me desliza la braga con ese atino de que oculta su cola. No soy consciente de tal pérdida, pero Calígula, sí. Prolongo mi andar cuanto Calígula se levanta a mil revoluciones buscando patear a Dios y al Diablo.

    Pisotea con fuerza mi braga de cuello: “Uy, qué mala suerte…”

    «¡¡MIAAAUUUU!!» La rabiosa boca de Lilly brota como Tiranosaurio Rex e hinca sus colmillos en la pierna derecha de Calígula.
    “AYYY, MAMÁ. Ayyyy”

    Borro la sonrisa de mi cara al girarme. ¿Qué ha pasado? Y corro, solícito, a socorrer al pequeño cabrón.
    …………………..
    La tregua es una utopía. Estamos jugando a la Ruleta Rusa. O su revolver amartilla la bala o lo hará el mío.
    Asomo del lavabo. He desaguado a torrentera. Ipso facto, se acerca el psicópata presto a entrar, porta algo en una bolsa. Apesta a rata muerta. Pretende echarlo en el inodoro e imputarme.

    Le arrebato la bolsa. Es mierda podrida, con sus moscas y gusanos. Increíble, ¿cómo la ha obtenido? Sin pensarlo le desaguo la bolsa por sus calzoncillos. Entro al retrete y lanzo la bolsa cuanto tiro de la cadena. Calígula aúlla como un verraco al que están degollando.

    Aparecen Eloísa y Lucas. Contemplan cómo su hijo exuda mierda por los bajos del pantalón, y cómo salta extendiendo la mierda a pura ametralladora. También, me han visto saliendo del retrete.
    “No he podido acabar antes”. “Lo siento, primo, me sabe mal que te lo hayas hecho encima”.
    …………………
    Apesadumbrado, mi tío Lucas me despide: “Creo que es malo conocerse tanto”.

    Reply

  4. Solrak el confuso
    19/02/2026 @ 7:27 pm

    Reply

  5. Xavier Isant Mendez
    19/02/2026 @ 11:11 pm

    En la parte inferior del link

    Descargar el cuadrado 11

    https://cargol-quantic1.webnode.es/sobre-nosotros/

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  6. Pantera Morada
    21/02/2026 @ 9:48 am

    COLORES

    Margot estaba sentada en su sofá vintage de terciopelo color turquesa. Oyó a Laura, su hija, que llegaba con el pan. Llevaba las barras dentro de una bolsa de tela blanca con rayas azul claro, cual niña abrazada a su muñeco de trapo, mientras comía un cacho. El no resistirse a esa fragancia y el placer de catar ese manjar sencillo, recién horneado y crujiente se había convertido en su tradición de los domingos cuando iba a visitar a su madre. Su pequeño ritual de placer costumbrista. Dulce salió a recibirla, con sus ojitos negros, su pelo de borreguito color canela, tan suave y esponjoso… ¡Qué ganas de estrujarla en brazos! Tras cruzar el umbral una amalgama caótica y ecléctica de colores, formas, tamaños y texturas la engulló como si hubiera caído por la madriguera de conejo de Alicia en el país de las maravillas. El barroquismo excéntrico y multicolor de su madre siempre la había fascinado y llenado de orgullo. Comparada con ella era una sosaina, pero para el resto del mundo era evidente la impronta de su madre en todos los aspectos de su vida. Pero aquel día su madre no fue a recibirla tras su pequeño angelito de canela, como siempre hacía, con su bata de pelo fucsia chillón, sus gafas con montura de flamencos y palmeras, su tocado azul eléctrico con brillantes y sus pantuflas blancas con forma de borreguito. Al ver el semblante de su madre, que permanecía sentada en el sofá sin inmutarse por su presencia mientras tejía de manera frenética lo que parecía una manta de color del arcoiris, supo que algo la había afectado y mucho. Margot, con la mirada perdida, enfocada en el televisor, el semblante sombrío y la boca torcida, tejía y tejía, absorta, casi en un estado de trance. El contraste era perturbador, ella ahí, rodeada por cojines de leopardo, estampados de zebra en las paredes, cuadros horteras, plantas de colores y paredes diferentes, a rayas blancas y negras, con texturas moradas, con estampados de plantas y tucanes; por todos los rincones había estatuillas de animales y alfombras y cortinas de varios colores y materiales. Pero entre todo ese estímulo su rostro, ella, era en esa ocasión la nota discordante. Como si la oscuridad se hubiera colado en su santuario. Y en parte lo había hecho. Ver a una de las personas que abusó de ella en las noticias la había conmocionado. Se habían filtrado documentos, fotos, correos electrónicos, vídeos y otros archivos de una red de trata de personas, que había salpicado a altos directivos de empresas, miembros del gobierno y otros pesos pesados y vacas sagradas de las Artes, las Ciencias, la Universidad y otras instituciones de prestigio y de primer nivel. Todo estaba empezando a salir a la luz, y para Margot la puerta de los recuerdos dolorosos del abismo de la depravación se había abierto. La Oscuridad la saludaba, mezquina. Sus dedos seguían bailando a través de los hilos y las agujas de tejer. Notaba los rayos de sol, poco a poco, y los reflejos de la luz en los brillantes y cristales. El color. Los estampados. La voz de su hija finalmente penetró la densa bruma del trance. La sentía a su lado, mientras Dulce, subida al sofá, le lamía las lágrimas que había derramado sin darse cuenta.

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