Poema I
Por Rosa Reis
No puedo responder ante la luz,
el agujero me atrapa
resbalo en la baba de su profundidad,
como si entrara en la vida eterna.
Me gusta quedarme ahí
sin pensamiento, ni voluntad,
sin experimento vital que me acompañe.
Me abandono en el límite de la búsqueda,
abandono el motivo,
sé qué el motivo acelerar el proceso del rastreo
y yo solo quiero dejarme caer.
Poblada de sin nada me escurro,
poco a poco bajo y bajo por el agujero,
no me mancho de tierra,
me despide la luz,
las manos pesan,
los hombros,
el pelo se comprime,
me han dicho que la muerte lo estira,
me sorprende calmada el arrebato,
me dejo acariciar
por el paso lento de las horas
y el olor del cantueso.
Si apareces tú recuérdame decirte que estoy muerta.
Recuérdame decirte que de nada me sirves.
Tú como Céfalo yo como Procris,
solo un boceto,
ya es tarde
tu capricho quedó para la diosa de la aurora.
La jabalina entra en mi costado y me inclina más y más en la muerte.
Agujereo la sombra exterior
Usted busca el dominio con el soplo de sus labios,
en los círculos del agua,
en el cuerpo inseguro que mira,
usted reproduce el compás de un movimiento apenas constatado,
me da la vuelta en su presencia,
me aísla del instante,
me tiende una trampa,
el ruido del gemido de ella se acopla a mi lamento,
la ferocidad del desencanto rasga la tela y las flores de la tela.
Usted recrea el momento en la búsqueda de su deseo,
en el fin mismo de usted.
Me desplaza a la zona fronteriza,
al pie de la página en blanco,
en un juego de sustitución lejos de la intrusión que me merezco.
Usted transita la burla,
mientras atesora su posesión.
ella le mira.
yo le miro.
si usted desviara la mirada de sí mismo nos vería.
Se escapa la noche,
la calle está vacía
y a los lados el cableado de las farolas sostiene mi cabanga,
se descuelga formando un alabeo que dan ganas de saltar.
Estallo mi doblez en el alquitrán de la carretera.
Sostengo el grito, el mar dibuja un borde de espuma.
Usted envileció la cópula con la destrucción de mi anhelo
que arrinconó en la tela y en las flores de la tela.
Los ojos de ella en el revés de los míos
atesoran el engaño y recorren mi espalda para encontrar lo vivido,
se enreda nuestro cabello
y juntas desbaratamos la disruptiva de su amor,
no somos dos mitades que se buscan,
somos una irreductible unidad que estalla en lo irremediable,
fascinadas por el olor de las flores y el erotismo del cuerpo.