Editorial
Por Juan Pablo Fuentes
Dentro de las malas noticias que nos está trayendo este comienzo de año, terrible en el ámbito internacional, trágico en el nacional, hay una que no nos ha pasado desapercibida a los que nos dedicamos a la cultura. La librería Tipos infames anunciaba su cierre. A pesar de ser un sitio de referencia, bien conocido, y que complementaba la venta de libros con la posibilidad de tomar unos vinos, el aumento de los precios del alquiler provocado por la gentrificación ha conseguido acabar con el negocio.
A pesar de que hay voces que afirman que nunca fue una librería de barrio, sino un local para hipsters y culturetas nadie puede alegrarse del cierre de una librería. El negocio de la cultura es un negocio precario y cualquier elemento desestabilizador —subida de precios, pocas ventas de un libro— puede acabar con él. Como colaborador de La Malinche cuando me preguntan si la librería va bien siempre respondo: «Sí, dentro de la precariedad habitual». Nadie va a hacerse rico escribiendo, vendiendo libros o editando una revista.
Quienes se dedican a esto lo hacen por amor al arte, persiguiendo un sueño. La revista Quimera lleva desde 1980 siendo un referente de la cultura en este país. Pero la competencia de la digitalización estaba a punto de acabar con ella. Un puñado de valientes han decidido agarrar el timón, renovarla por completo, y presentar una revista fresca, moderna, que no está sesgada por pertenecer a grupos editoriales, y con un equipo de colaboradores impresionante. Ya está en la calle el primer número (505) y les animamos a buscarlo o, aún mejor, a suscribirse. Encontrarán artículos, reseñas, relatos de ficción, entrevistas, arte y, sobre todo, calidad.
Una revista que tiene un pedacito del corazón letraherido. Su jefe de redacción es Jorge García, letraherido de pro, y su nuevo director, Jofre Casanovas, ha formado parte esencial de nuestras actividades, en las reuniones, en el podcast y, por supuesto, en esta humilde revista. Nuestra alegría es doble, por ver a nuestros compañeros en tan merecidos puestos y porque sabemos que su talento, su buen hacer, y su capacidad de trabajo conseguirán que la nueva etapa sea brillante y que hará honor al legado que tiene detrás.
Una Quimera que no es una quimera, es una realidad. Una buena noticia en un momento necesario, una alegría para el mundo de la cultura y la continuación de un referente que ahora, en este mundo digitalizado y gris, hace más falta que nunca. Desde aquí les deseamos una larga y próspera vida.