El llanero solitario y compañía
Por Lesley Galeote
Quién no conoce al héroe de película americana, el tío duro y solitario que va por el mundo deshaciendo entuertos y castigando a los malos. Es un arquetipo narrativo de manual que se escapó del género western para colarse en otros, pero ¿qué sabemos de su origen?
El historiógrafo Richard Slotkin estudia su evolución en Regeneration through violence, 1973 (Regeneración a través de la violencia) y señala que la primera plantilla del personaje aparece en la autobiografía del puritano Benjamin Church, Entertaining passages relating to Phillip’s War, which began in the month of June, Boston, 1716. La retórica del texto es típicamente puritana, o sea, prolija, como el título, aunque Church no era un puritano al uso. Era explorador y trampero que trataba con los nativos y los conocía bien.
En 1675 estalló la guerra contra la confederación india Narraganset, liderada por Metacomet, a quien los puritanos llamaban King Phillip. Church fue quien mató a Metacomet, y de ahí su fama. Church despreciaba al jefe indio y lo describe como una bestia apestosa. Sin embargo, el trampero sí tenía una excelente relación previa con el lugarteniente de Metacomet, Anawon, a quien admiraba y con quien había intercambiado regalos. Cuando supo que a Anawon lo habían matado, Church lloró. Slotkin percibe en esta historia el patrón arquetípico de lo que llama el héroe cazador. Por primera vez, un narrador puritano no apela a la voluntad divina, sino a su propia agencia humana. El protagonista es autosuficiente fuera de la civilización. Y sobre todo ama lo que los puritanos llaman the wilderness, la naturaleza salvaje e inhóspita a domar, pero la destruye y llora por ella. Es la regeneración a través de la violencia del individuo que mata lo que más ama para abrir paso al mundo civilizado que desprecia.
No olvidemos que en 1675 los puritanos eran ingleses y para nada tenían en mente fundar una nación, aunque sí una sociedad nueva.
El arquetipo se popularizó en lo que ya era Estados Unidos a partir de 1784 gracias al personaje del coronel Daniel Boone. John Filson, su creador, quería atraer a nuevos pobladores a Kentucky y publicó The discovery, settlement and present state of Kentucky (Descubrimiento, colonización y situación actual de Kentucky). Otro divulgador más literario del héroe fue James Fenimore Cooper, autor de la serie Leatherstocking. La más famosa es El último mohicano, 1826, con Natty Bumpo como protagonista típicamente asqueado por la civilización.
Fueron finalmente las novelitas de diez centavos (dime novels) las que popularizaron el género del oeste entre las masas obreras en el este de Estados Unidos. Estos lectores soñaban con los espacios abiertos que contrastaban con sus vidas de pobreza y estrechez en las fábricas. El Llanero Solitario de Zane Grey (The Lone Ranger) fue la serie más famosa.
Como tantos otros historiógrafos useños, Slotkin practica el excepcionalismo americano; es decir, considera que su objeto de estudio es singular y no busca hacer comparaciones. Se le escapa que su héroe cazador, aunque único en las literaturas contemporáneas de estirpe europea, está emparentado con héroes de otras épocas, al menos en mi opinión. El Cid Campeador, Rolando y Tirant Lo Blanc encarnan arquetipos narrativos fruto también de la expansión territorial de sus respectivos reinos.
Existen diferencias interesantes entre los personajes medievales y el figura. Los héroes medievales participaban en bodas y banquetes; todos tienen una amada, y hasta familia en el caso del Cid. Tienen una dimensión social. Al tipo del oeste no lo vemos comer ni beber nada, salvo café solo, whisky, y unas tristes alubias recalentadas en alguna película. No tiene familia de origen ni propia, ni amante, ni mujer, porque en el topos literario del lejano oeste, la mujer representa la civilización que el héroe detesta. Recordemos que Huckleberry Finn expresa lo mismo cuando deja la casa de la viuda Douglas porque no aguanta que lo civilicen.
Cuando ya no le quedaba territorio que conquistar, el héroe medieval sobrevivió un tiempo en las novelas de caballerías hasta que El Quijote, como un meteorito, los extinguió a todos. El llanero solitario se quedó en paro una vez conquistada California, pero en lugar de extinguirse buscó empleo en otros géneros narrativos.
Como académico que quiere dar trascendencia a su libro, Slotkin argumenta que, terminada la conquista del Far West, este arquetipo puede arrastrar a EE. UU. a perpetrar acciones agresivas fuera de su territorio. Sin embargo, este héroe no tiende a emigrar, sino a permanecer en suelo patrio. Su heredero más genuino es Harry el Sucio, de Clint Eastwood, que prácticamente le escupe al alcalde porque desprecia las instituciones que él mismo defiende.
En la literatura, el personaje se refina en las novelas negras de Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Sam Spade y Philip Marlowe son seres solitarios que pululan en las sombras del wilderness urbano autóctono. No tienen familia, ni novia, y se alimentan exclusivamente de whisky. Existen, que no viven, en una burbuja de desvinculación social absoluta. Este no es el caso de los detectives europeos. El sueco Wallander tiene un padre enfermo. Poirot y Sherlock Holmes tienen al menos un amigo. Carvalho y Montalbano son sibaritas y tienen amante o novia.
Slotkin sobredimensiona los peligros del personaje porque, diga lo que diga, los relatos no son el motor de la acción geopolítica. Como mucho acompañan el despliegue de intereses nacionales. Además, las narraciones utilizadas primordialmente en las acciones expansivas de Estados Unidos son otras: el Éxodo y el sermón de la montaña de San Mateo.
El Mayflower es más famoso, pero mucho más influyente fue la llegada del barco puritano Arbella a Massachusetts en 1630. Estando aún embarcado, John Winthrop escribió A Model of Christian Charity (Un modelo de caridad cristiana). Presenta a los puritanos como el Nuevo Israel, como fugitivos de Egipto a quien Dios ofrece la tierra prometida (the promised land). Además, Winthrop echa mano del sermón de la montaña de San Mateo cuando escribe que la misión puritana es fundar la ciudad sobre la montaña (the city upon the hill), y ser la luz del mundo (the light of the world), Mateo 5:14. Estas tres frases se han repetido mil veces en textos literarios y en discursos de presidentes como por ejemplo Ronald Reagan, que conocía perfectamente el texto de Winthrop. Son conceptos estereotípicos que sirven para vender la moto de acciones expansionistas a su parroquia.
La Dra. Wendy Martin, a cuyas clases asistí en los noventa, era discípula de Sacvan Bercovitch, el mayor experto en literatura puritana entonces. Martin señalaba la diferencia entre los primeros textos puritanos que hablan de la tierra prometida y la lucha contra el wilderness, y los textos sobre el estado de Virginia, que describen un paraíso con la fraseología del Génesis. Según Martin esta diferencia determinó el éxito de los puritanos, más trabajadores según ella, frente a los desastres iniciales en Virginia, consecuencia de que los virginianos esperaban recompensa sin esfuerzo. Martin, como Slotkin, parecía creer que el discurso lo determina todo. Para nada analizamos ni comparamos en clase las circunstancias materiales o geográficas de ambos estados, ni los caprichos del azar que afectaron cada colonia. Martin y Slotkin se formaron antes del posmodernismo y simplemente querían vender su obra académica. Pero en los noventa, filósofos como Derrida, Lacan, Foucault, etc., irrumpieron en los campus useños, y a partir de entonces la tendencia a considerar las narrativas, el lenguaje o el subjetivismo como generadores de realidades objetivas se convirtió en una plaga.
Volviendo a los arquetipos narrativos, al estudiarlos siempre surge la cuestión de su supuesta universalidad. Es factible, aunque para nada seguro, que los autores de novelas del oeste conocieran a los héroes medievales o imitaciones suyas. Pero en América se dan otras coincidencias más llamativas. En Las maravillas del mundo invisible, el puritano Cotton Mather cita al jesuita José de Acosta porque describió un mito azteca parecido al Éxodo. El dios Huitzilopochtli guio a los mexicas a su tierra prometida y, según Mather, fue obra del diablo porque al maligno le complace parodiar al Dios verdadero. No conozco el mito mexica de primera mano, ni sé si alguien ha trazado su genealogía o si es humanamente posible hacerlo. ¿Es realmente similar? ¿Ignoraron Acosta y Mather diferencias importantes? ¿Se basó el mito azteca en otros mitos amerindios preexistentes? Quién sabe.
El mito el Éxodo también impactó la literatura Afroamericana. La liberación de la esclavitud en Egipto confluyó con las primeras narrativas de esclavos fugitivos (Frederick Douglass y Harriet Tubman) para formatear novelas sobre un viaje hacia la liberación, como The Invisible Man, de Ralph Ellison, o Song of Solomon, de Toni Morrison. También inspiró letras de Gospel tan famosas como Go down Moses.
En definitiva, el héroe-cazador y el Éxodo son los arquetipos narrativos que han funcionado a todo trapo en las narrativas literarias y políticas de Estados Unidos desde su origen y, a día de hoy, siguen funcionando igual.