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5 Comments

  1. vintage
    05/02/2026 @ 5:19 pm

    El Silencio del Maestro

    La luz de la cafetería era demasiado blanca, casi quirúrgica, lo que hacía que los gestos de Marcos resaltaran con una nitidez hipnótica. Elena lo observaba fascinada; habían hablado por Tinder durante dos semanas, donde él le explicó, con una honestidad que la conmovió, que era mudo de nacimiento. Incluso había traído consigo un manual de signos para que ella pudiera comprenderlo mejor.

    Marcos era guapo, poseía una belleza serena y una mirada que parecía escuchar más que cualquier oído humano. Sobre la mesa, el café se enfriaba mientras sus manos dibujaban figuras en el aire.

    — (Mano derecha cerrada, pulgar hacia arriba, moviéndose frente al pecho) [BIEN] —señaló él, sonriendo—. (Dedos índice y corazón cruzados) [SUERTE] —añadió después, refiriéndose al hecho de haberla encontrado en la aplicación.

    Elena sonrió, nerviosa. Intentaba gesticular de forma exagerada, pensando que eso ayudaría, aunque él le había dicho por chat que leía los labios perfectamente. Ella lo miraba fijamente, preguntándose en la intimidad de su mente a qué labios se refería exactamente aquel hombre tan magnético.

    —Me pareces increíble, Marcos —dijo ella, modulando con cuidado—. Me dijiste que eras profesor, pero nunca qué enseñabas. ¿Es algo muy técnico?.

    Ella se preguntaba qué enseñaba realmente y qué era lo que estaba mostrando en ese momento. Marcos dejó la taza y la miró fijamente con una intensidad eléctrica, una urgencia que a Elena le resultaba irresistible. «Lástima que no pueda oír tu voz», pensó ella con una punzada de melancolía.

    — (Mano plana bajando desde la barbilla) [SECRETO] —hizo él con un guiño. Luego, movió las manos con rapidez: (Índice señalando el templo y luego hacia adelante) [SABER] — (Manos abiertas como un libro) [ESTUDIAR] — (Gesto de cerrar una cremallera en los labios) [CALLAR].

    —¿Un secreto de estudio? —interpretó Elena—. ¡Venga ya! No seas misterioso. ¿Eres de esos científicos que no pueden hablar de sus experimentos?.

    Él soltó una carcajada silenciosa, una exhalación de aire que vibró en el pecho de Elena. Tomó su libreta y escribió con caligrafía elegante: «Las palabras a veces ensucian la pureza de lo que se aprende. Prefiero que me conozcas a mí, no a mi currículum». Marcos la observaba, ocultando tras su sonrisa la verdadera y oscura manera en la que deseaba conocerla.

    La cena fue una coreografía de silencios compartidos y roces de dedos. Marcos utilizaba sus manos no solo para hablar, sino para seducir; cada signo era una caricia, poesía difuminada en el aire.

    — (Mano en el corazón) [SENTIR] —signó él, mirándola a los ojos—. (Dedos extendidos vibrando cerca del pecho) [EMOCIÓN].

    Elena se sintió vulnerable. Había algo en esa comunicación no verbal que desarmaba sus defensas. No había ruidos ni malentendidos por el tono de voz; era una conexión que ella percibía como «pura».

    —Nunca me había sentido tan escuchada por alguien que no puede oír —susurró ella, acercándose—. Es irónico, ¿verdad?.

    Marcos asintió con una gravedad ensayada. Tomó la mano de Elena y presionó su pulgar contra la palma de ella.

    — (Dedo índice y corazón juntos, moviéndose hacia ella) [NOSOTROS] —signó con lentitud, asegurándose de que entendiera la profundidad de la palabra.

    La noche terminó en el apartamento de ella. En la penumbra, el lenguaje de signos de Marcos se volvió pausado, casi litúrgico. No hubo palabras, solo el lenguaje del cuerpo que él dominaba con precisión magistral. Elena estaba convencida de haber encontrado a alguien excepcional. En medio del clímax, un pensamiento fugaz cruzó su mente: «Ya grito yo por los dos».

    El Despertar
    A la mañana siguiente, Marcos se levantó temprano y se vistió en silencio con una expresión de placidez. No dejó nota; prefería dejar el vacío de su ausencia como una incógnita. Ya en su coche, cruzó la ciudad escuchando un podcast sobre psicología conductual a un volumen considerable, tarareando los anuncios con una voz barítono perfectamente afinada.

    Al llegar al aula, diez adolescentes lo esperaban en semicírculo. Había un murmullo de manos moviéndose, un oleaje de signos rápidos. Marcos dejó su maletín y se aclaró la garganta; el sonido hizo que todos callaran al instante.

    —Buenos días a todos —dijo con voz clara y potente, sin rastro de sordera —. Abrid el manual por la página 142. Hoy profundizaremos en cómo el silencio es la herramienta de persuasión más poderosa del lenguaje.

    Un alumno levantó la mano.

    — (Índice y pulgar formando un círculo) [¿DUDAR?] —signó el chico—. Usted dice que para entender el silencio hay que vivirlo. ¿Ha practicado este fin de semana, profesor?.

    Marcos sonrió mientras recordaba el rostro de Elena. Se sentó en el borde de la mesa con la seguridad de un depredador.

    —El silencio, Sergio, es un lienzo en blanco —respondió en voz alta mientras sus manos traducían con fluidez aterradora —. La gente proyecta en ti lo que quiere encontrar. Si no hablas, no te equivocas; si no oyes, te convierten en un santo. ¿Ingenuos o idiotas?.

    Realizó un signo que no estaba en los libros: una red cerrándose.

    —La mayoría no busca pareja, busca un espejo que no replique. He pasado el fin de semana confirmando mi teoría. El silencio es un arma. Ahora, practiquemos el signo de [CONFIANZA].

    Marcos cerró el puño sobre su pecho, sabiendo que ella escribiría. Para él, ella solo era un ejercicio de manipulación. De pronto, sonó su teléfono. Era un número oculto. Pensando que era publicidad, gritó con fastidio:

    —¡Estoy cansado de que me llaméis para vuestra ONG, dejadme tranquilo!.

    Al otro lado del hilo, el silencio de Elena fue absoluto. Había querido llamar a su amiga María, pero el azar la hizo marcar el número de Marcos. Atónita al escuchar esa voz clara y airada, Elena colgó. Tras llorar en un movimiento sin fin, miró su satisfyer con otros ojos: «Tú tampoco hablas, pero no mientes». Se acercó al objeto, buscando una verdad más honesta que la de aquel profesor.

    Su historia continuó, pero este relato acaba aquí. Buenas noches, Elena

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  2. Spin off de Solrac
    05/02/2026 @ 7:44 pm

    Amor sin límites

    Estamos en un bar, concretamente un bar cerca de Urquinaona frecuentado por policías, urbanos y carteros que conocimos hace dos semanas.
    –Espera un poquito más.
    –Mira que eres aburrida, con la cantidad de comida que hay y tenemos que esperar.
    –Ya. ¡Ya viene!
    –No sé para que los humanos tienen que encender la luz, es una manía que nunca entenderé —en este momento entra un chico en la cocina cargado con un saco lleno de pan.
    –Lo ves ¡lo ves! ¡No me puedes decir que es el ser más perfecto que hayas visto!
    –Pues no, lo veo como uno más.
    –Nuestros corazones laten acompasados.
    –De verdad, ¡que cursi que eres!
    –Y esos ricitos, no me digas que no le quedan bien.
    –Los veo a todos iguales, unos insensibles y brutos que solo quieren exterminarnos.
    –Este es diferente, esos ojos lánguidos, su calma, la planta que tiene.
    –No entiendo nada de lo que dices, pero te doy la razón que éste cuando nos ve ni chilla ni da saltos patéticos como un saltamontes.
    –¡Qué me da algo! ¡Me está mirando!
    –No nos está mirando, técnicamente está mirando el fregadero.
    –No seas aguafiesta. Lo primero que hace al entrar es mirarme.
    –Dios, dame fuerzas para soportar tanta insensatez.
    –¿No sientes su corazón? ¡Es mi media naranja!
    –Si veo una naranja le doy un bocado.
    –Cuando se me queda mirando así no puedo dejar de sostenerle la mirada, ojalá algún día se dé cuenta cómo muevo las antenas.
    –No creo ni que huela tus feromonas.
    –No sé para que te pido que me acompañes. Sería más feliz sin tener que escucharte.
    –Tonterías las tuyas, mira que te haga tilin un humano.
    –No le veo el problema.
    –Estar abierta a los nuevos géneros es una cosa. Si fuera una mariquita, lo entendería, ¿quién no le ha echado un ojo a un escarabajo grandote? Pero creo que te has pasado dos pueblos.
    –¡Qué antigua que eres!
    –Ya no te mira, seguro que ni siquiera sabe que existes.
    –No me hagas daño gratis.
    –Venga, vamos a comer, que de un momento a otro vienen los otros humanos y se nos puede complicar la existencia.
    –Vamos, pero mañana me acompañas otra vez, que no me atrevo a venir sola.
    –Tranquila, mañana volvemos.

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  3. Roco SIfredi
    05/02/2026 @ 8:25 pm

    Desmayos

    – El arreglo serían 300 €
    – ¡Uy! No tengo tanto dinero ¿No podríamos arreglarlo de otra manera?
    – ¿Qué quiere decir?
    – Soy una mujer sola y necesitada… y tienes unos brazos tan fuertes ¿Puedo tocarlos?
    – Duros como el acero, nena
    – No es la única cosa que está dura como el acero
    – Toda para ti, ¿te gusta?
    – Es enorme… me gusta cómo sabe. ¡Ay! Estoy toda húmeda..
    – Apóyate aquí. Bájate las bragas. Mmmm vaya culito
    – ¡Es tuyo!
    – Tómala toda entera
    – ¡Ay! Es tan grande, poco a poco, así, así…
    – ¿Te gusta?
    – Me encanta, o sí, por favor, más rápido, sí, sí, sii más fuerte, aaah, sí, ahhha, ay que me desmayo
    – Loli, ¿estás bien?
    – Ha hiperventilado
    – No os agolpéis, dejadle aire. Tú, levántate un poco las piernas. Así.
    – Ponle un paño húmero en la frente.
    – Pobrecita… no está acostumbrada.
    – Con el talento que tiene, ha doblado a las más grandes actrices.
    – El porno también tiene sus trucos
    – La precariedad, que nos está jodiendo a todos
    – Y espera ¿has visto lo que hacen las IAs? En dos años todos a la puta calle
    – Es una mierda
    – Parece que se espabila
    – ¡Ay! ¿Qué me ha pasado?
    – Hiperventilación. Hay que gemir de mentira, coges aire con el diafragma y haces así ¡Sí! ¡Ah! con pequeños saltitos y controlando la respiración. Si lo haces de verdad te caes al suelo. Pero ya lo has visto
    – Perdón, es que no estoy acostumbrada
    – Tú debes ser del método Stanislavsky, claro.
    – No te burles
    – Venga, todo el mundo para casa
    – No, no soy una profesional ¿Que queda?
    – Dos escenas de ‘Instituto ruso’ y cuatro de ‘Vírgenes viciosas y golosas’
    – Pues vamos ¿Cómo me has dicho que tenía que hacer?
    – Respiración por el diafragma. Así. Ahora gime
    – Aaaah, aaaah, sí, sí, más
    – Muy bien. Notas como controlas más el aire
    – Sí, es verdad, aaahhhaaahhahaha, síííííí, dámelo duro, dámelo todo, más, más
    – Ves, si lo sabes es muy fácil. Y no te mareas
    – Muchas gracias, ese truco no lo conocía Stanislavsky. Esta noche lo pruebo con mi marido.

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  4. La del espejo
    05/02/2026 @ 11:18 pm

    Sombra en el espejo

    Las doce de la noche. Como siempre estaré al otro lado del espejo. Mi Yo en las tinieblas.

    Me levanto. Dejo la comodidad de la cama y el calor de las sábanas con cierta nostalgia. Siento los huesos pesados y me cuesta respirar. Tengo que hacer un último esfuerzo. Arrastro mi cuerpo hasta el espejo. Me miro. Soy una anciana consumida. Un saco de huesos. Abro la boca, solo me quedan unos pocos dientes carcomidos. El rostro surcado de arrugas parece el lecho de un mar seco y agrietado. Como mi corazón, que hoy late lento, intuyendo quizá que la vida se aleja de mí.

    Sonrío. No importa. Pronto descansaré, cuando atraviese el espejo. Al otro lado volveré a ser joven y renaceré casi en un suspiro.

    La pátina se ilumina. Desaparece la vieja y me veo con ochenta años menos. Así era yo. Casi no me reconozco.

    Mi Yo me mira con la altivez de la juventud. En sus ojos un halo de impaciencia. Esta noche es la medianoche de la transfiguración. Cuando crucemos, ella será yo rejuvenecida. Y yo…yo seré ella en letargo. Esa es nuestra maldición. Un ciclo eterno que se repite cada cien años desde hace siglos.

    —Hola, ya ha pasado otro siglo. Volvemos a encontrarnos.

    —Sí —digo.

    —Pareces más callada que nunca. Se te ve muy cansada esta vez —me dice.

    —Cada ciclo que pasa, la vejez pesa más. ¿No recuerdas que lo advertimos la última vez? “Llegará el día en que la inmortalidad será la losa de nuestra tumba”, dijimos.

    —Ah… No lo recordaba. He dormido cien años, ¿recuerdas? Ya sabes cómo es el letargo en este lado, lo vivido en la Tierra parece un sueño lleno de sombras imprecisas. Bueno… ¿Lo has dejado todo listo? ¿No hay cabos sueltos? ¿Nadie nos reconocerá?

    —Claro, querida. Me he encargado de todo. Cada vez que iniciamos un nuevo ciclo, nos relacionamos con menos gente. No me gusta tener que matar a nadie cuando llega el momento de irme. Mi marido murió hace ya años y esta vez no he tenido hijos. Ha sido una vida solitaria, pero nadie me va a sobrevivir ni me echará de menos. Podremos iniciar el ciclo con libertad total. Nadie se acordará de nosotras. A nadie le extrañará que hayamos rejuvenecido.

    —¿Ha cambiado mucho ese mundo durante este siglo?

    —Claro. Ya sabes que este mundo cambia muy rápido. En contraste con dónde estás tú ahora. Lo cierto es que tengo ganas de atravesar el espejo y quedarme en letargo hasta que vuelva envejecida, dentro de cien años, para cambiarme conmigo. La vida en la Tierra va demasiado deprisa. No da tiempo a saborearla, cada vez la disfruto menos. ¿De qué sirven las vidas que hemos vivido? Ya no las recuerdo. Las personas que he conocido son un espejismo que, siglo tras siglo, se desvanece un poco más.

    —Bueno, ese es el precio que pagamos por la inmortalidad. Vivir y vivir sin dejar nunca a nadie que nos llore, a nadie que nos añore, a nadie que nos recuerde. Pero al menos no morimos. Eso es lo importante.

    —¿Lo es? Cada vez estoy menos convencida de ello. Cuando rompimos las reglas de la vida y la muerte, nos convertimos en sombras. A veces pienso que nada es real, que ni siquiera nosotras existimos porque pasamos por la vida de puntillas. No queriendo saborearla para no sufrir cuando dejemos este mundo en la Tierra. Teniendo que matar a nuestros seres queridos para que no se den cuenta de que no podemos morir. No creando lazos. Creyendo que somos libres cuando somos esclavas de la existencia.

    —Bueno, hermana. ¿Es acaso mejor no vivir nunca?

    —No, claro que no, pero vivir así, sin sentir, sin aprovechar cada segundo, es como estar muerto.

    —Entonces, ¿quieres morir? Puedo cruzar y matarte. Yo viviré una última vez y ambas estaremos libres de esta maldición.

    Miro al Yo del otro lado del espejo. Puedo sentir su juventud bullendo. Sus ganas de adentrarse en este mundo en la Tierra, libre del yugo de la maldición. De llenar sus pulmones con la savia de la existencia sin los remordimientos y los miedos que nos esclavizan. Sé que anhela beber a borbotones de la vida aunque sea una última vez. Y pienso, ¿por qué ella y no yo?

    —Quizá sea solo la vejez la que habla por mí. Soy una vieja cansada, no me hagas caso. Venga, atravesemos el espejo, reiniciemos el ciclo… Encontrémonos dentro de cien años… Una vez más.

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  5. Solrak el Tardío
    06/02/2026 @ 10:15 pm

    EXTRACTO DE LAS ESCUCHAS DE LA OPERACIÓN DIETA SANA

    Acta de transcripción de llamadas telefónicas recibidas por el número 123456789 entre el 12 de septiembre y el 25 de octubre.
    12/9/26
    Joaquín– Diga
    Pablo– Joaquín, ¡qué pasa campeón!
    Joaquín- Qué alegría oírte, Pablito ¡cuánto tiempo!
    Pablo- Nada chico, era sólo para decirte que ya he salido del hotel y que estoy de vuelta al tajo.
    Joaquín- Órale, que chingón.
    Pablo- ¿Desde cuando eres mexicano?
    Joaquín- Lo oí en una serie y me gustó. Hay que ser interculturales. Oye, tengo que dejarte que he quedado con una chamaca.
    Pablo- Nos hablamos, latin lover. Qué mierda será eso de ser intercultural.
    15/9/26
    J- Hola, Pablo, ¿qué se te ofrece?
    P- Hola, campeón, que estaba pensando en ir al mercado y me he dicho a ver que tiene el amigo Joaquín.
    J- Pues , tú dirás, aquí hay de todo.
    P- Apunta, 4 cajas de aguacates y 5 kilos de manzanas.
    J- ¿Lo envío a la dirección de siempre?
    P- Aja.
    J- Te voy a poner unas pocas ciruelas, que salen muy buenas ¿hace?
    E- No te digo que no. Hay que ver cómo nos gusta la fruta.
    J- [risas]
    26/9/26
    J- Buenos días compadre.
    P- Buenas. Nos comimos toda la fruta que nos enviaste, necesitamos más.
    J- Vaya apetito. ¿Lo mismo?
    P- Esta vez pon seis cajas de aguacates, que no quiero hacer corto. Los chicos de aquí se lo están fumando todo.
    J- Pablito, discreción.
    P- Joder, ni que nos estuvieran oyendo. Pero, vale, las tradiciones están para mantenerlas. Si hay que hablar en clave, se habla en clave. Oye, y qué lo de la chamaca del otro día.
    J- La puse mirando a Cuenca. No ha nacido la que se me resista y ésta tiene su mérito.
    P- Ya he oído algo sobre eso. ¿Cómo la conociste?
    J- Sabes que siempre estoy pensando en cómo mejorar el negocio. Se me ocurrió montar unos encuentros entre productores y comercializadores, un rollo de esos de networking, así que me los llevé a todos a hacer teambilding, y en la empresa trabajaba ella. Amor a primera vista.
    P- No he entendido una mierda. Tú estás loco.
    J- Cuando veo una jicha así, es que me pongo como un potro enviagrado.
    P- Joder, Joaquín, con la mujer de un madero, manda cojones.
    28/9/26
    J- Hola, Pablito. Oye lo siento chico.
    P- Gajes del oficio. Suerte que me diste el chivatazo a tiempo. Al final no se perdió tanto, un par de cajas de aguacates. Y gracias por enviármelo todo a la otra dirección. Vamos a medias con la pérdida, ¿eh?
    J- Eres un caballero. Lo del chivatazo, ventajas de encamarse con la policía. Mi churri se lo oyó al marido, que hablaba con los colegas, y me lo largó. Además de todo, tengo una espía, un auténtico win win. Buena chica, me come en la mano.
    P- En la mano, jeje. Churri. Mal te veo, pero oye guapa lo es la muchacha, que vi unas fotos vuestras.
    J- Ya te digo. Yo por un adefesio no me la juego. Carajo, Pablo, creo que me estoy enamorando.
    P- No seas gilipollas. Dedícate a la fruta que las tías caen de los árboles.
    J- Esto no se elige, Pablo, no se elige.
    15/10/26
    Mujer no identificada – Aló.
    P- … ¿Está Joaquín? Oye, ¿tú no serás Griselda?
    Griselda –Aja. Quim no se puede poner ahora, qué querías.
    P- Soy Pablo, son temas de negocios.
    G- Ya sé quién eres, y no te preocupes que Quim me ha dejado las llaves de la frutería.
    P-Pues si que vais rápido. No sé, mujer, la discreción lo es todo en el negocio.
    G- No te preocupes, tu hazme el pedido que yo se lo paso.
    P- Cinco cajas de aguacates, 4 kilos de manzanas y dos de ciruelas; donde siempre.
    18/10/26
    J- Pablo, gracias a Dios que llamas. ¿Sabes algo de ella?
    P- Caramba, chico, que manera de perder el culo.
    J- Hace días que no sé nada, no puedo creer que me haya dejado. No atiende las llamadas.
    P- ¿Has ido a visitarla?
    J- ¿Con el cornudo rondando? Tampoco estoy tan loco.
    P- Si sé algo te llamo. Ahora a lo nuestro. Repetimos pedido. Esto es una locura, son las fiestas y la gente se está poniendo de fruta hasta las cejas.

    [¡¡¡¡¡No incluir en acta!!!!!]
    25/10/26
    J- Diga, ¿quién es?
    G- Gordi, soy yo. Me tiene encerrada, no puedo hablar con nadie, he conseguido despistarlo y llamarte, pero…
    J- Griselda, Griselda.
    G- [Sonidos ahogados]
    J- ¿Qué pasa?
    Desconocido – Aló, aquí el cornudo. Hola, listillo. Creo que has mordido más de lo que te cabe en la boca. No te bastaba con el negocio de la fruta, no, tenías que meterla en el agujero equivocado.
    J- No sé de qué me habla, caballero, esto debe ser un malentendido, un error.
    D- Un error y de los gordos. Y deja de hacer el ridículo que lo he oído todo. Te has metido en la cama que no era. Toda la puta comisaría se estaba descojonando a mi costa, suerte que un buen amigo me pasó las cintas. Los que van a llamar a tu puerta no vienen a detenerte, te van a meter toda la fruta que tienes en casa por el culo y van a grabar un video para que disfrute viendo como te mueres del empacho. ¿Quieres despedirte de Griselda o lo hago yo por ti?
    J- Se equivoca, todo esto es una broma de mi compadre Pablo, yo nunca…
    D.- Vale, ya me despido yo de ella. Si tienes algún recado dáselo rápido, que ya la tengo subida al alfeizar de la ventana.
    J- [ruidos confusos en el auricular]

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