¡Maldito dinero!
Por Juan Pablo Fuentes
Mafalda abandona su editorial de toda la vida, Ediciones de la Flor, para pasar a formar parte del grupo Penguin Random House. Los derechos fuera de Argentina ya estaban en su poder bajo el sello Lumen, pero ahora los herederos han decidido que tengan todos, supuestamente para unificar criterios editoriales.
Es complicada la relación entre los autores (o los herederos) y el dinero. Abandonar a la editorial que apostó por ti cuando nadie te conocía para ir a grupos establecidos suele verse como una traición. ¡Cómo va a venderse un alma pura por el vil metal! Pues como cualquiera, que también tenemos que llegar a fin de mes.
Cuando la poeta Louise Glück ganó el premio Nobel, su agente, Andrew Wylie (también conocido como el chacal), cortó relaciones con Pre-Textos, su editorial de toda la vida. En ese momento todo el mundo se llevó las manos a la cabeza. ¡Encima de que la editaron cuando nadie sabía de su existencia! El chacal afirmó que el cambio no fue por motivos económicos. Argumentaron que tenían desencuentros con Pre-Textos por retrasos en los pagos. Que se fueran a una editorial de un tamaño parecido y también independiente es un argumento a favor de que podría haber algo de cierto en ello.
Los derechos de la obra de Bolaño se vendieron a Alfaguara en un culebrón en el que se habló de que la mujer estaba enfadada con los amigos de la nueva relación sentimental que tuvo el escritor, pero también se habló de que Anagrama falseaba los informes de ventas y de que estaban cobrando menos de lo que deberían. Curiosamente Wylie también estaba en esta operación.
Si estos movimientos estuvieron motivados por motivos crematísticos o si fue una mezcla de factores es algo que solo sabrán los implicados, pero me resulta curioso que pidamos una integridad moral especial a quienes son, en definitiva, seres humanos como otros cualquiera y que también van a querer —y lo merecen— ganar más dinero. Cuando se publicaron las cartas entre Delibes y Umbral era un tema que aparecía con frecuencia.
Vivimos, al fin y al cabo, en un mundo capitalista. Y, a pesar de todo, saber que los derechos de las tiras de Mafalda abandonan definitivamente su editorial de toda la vida, para estar en manos de una gran multinacional es algo tristemente simbólico. Si la niña protestona y crítica se pudiera enterar de lo que ha sucedido, probablemente gritaría su famosa frase: ¡Paren el mundo, que me quiero bajar!