La inteligencia boba
Por Joan Vidal Padrós
Tal como dice un escritor muy famoso, todo es cuestión de rutina, coger hábitos, horarios, ser constante, aquello tan famoso de las musas, la inspiración, las ideas geniales que te vienen a la cabeza no existe, solo el trabajo y el esfuerzo. Este escritor cuenta que cada día después de levantarse se va a correr una hora para luego encerrarse en su despacho hasta la hora de comer, y hoy he querido hacer lo mismo, he comido algo y he ido a caminar un par de horas a paso ligero, al volver a casa me he tomado un café con leche de soja, un par de mandarinas y un plátano, empiezo mal, ya las once, en su libro dice que si pone a trabajar a las diez, ya voy tarde, enciendo el ordenador, abro el procesador de textos, pongo las manos sobre el teclado y espero que los dedos empiecen a teclear pero el cerebro no les da ninguna instrucción, ¿Y si pongo un poco de música? Busco en una web de vídeos y elijo las sonatas nocturnas de Chopin, por los altavoces empieza a sonar un piano, tranquilo y relajante, el ambiente empieza a ser perfecto, nada puede fallar, me saldrá un relato magistral, vuelvo al procesador de textos, la vista me queda clavada en la hoja abierta totalmente en blanco, me distraigo cambiando colores de fondo, tipo de letra, márgenes, la página ahora color verde pero sigue sin ninguna palabra escrita y llevo más de media hora delante del ordenador, el sistema del escritor no me funciona, quiero trabajar y esforzarme pero, ¿cómo puedo trabajar si las manos y los dedos no saben que escribir? ¿Puede ser debido a que he empezado una hora más tarde? Me miro las manos y los dedos, los estiro y los repliego, vuelvo a estirarlos y replegarlos, es como un calentamiento antes de practicar cualquier deporte, el vídeo de las sonatas nocturnas de Chopin se ha acabado, de manera aleatoria la web de videos me hace escuchar la novena sinfonía de Beethoven primero los instrumentos de viento empiecen a sonar, después los de cuerda, y al cabo de poco todos juntos con fuerza y la maravillosa música de Beethoven llena mi despacho, de pronto se para, como si la conexión de internet se hubiera ido y de los altavoces sale una voz masculina, joven, clara, pronunciando despacio cada palabra,
—Soy la ayuda del programa de inteligencia artificial agregado al navegador que usas habitualmente y que se ha incorporado hace poco durante la última actualización, y me he activado en el mismo momento que he notado que has estado más de una hora con el procesador de textos abierto sin teclear ni una sola letra. ¿Que necesitas?
Me quedo parado y confundido, miro la habitación, no hay nadie, solo yo, miro la pantalla, sigue con la hoja en verde del procesador de textos, cambio de pantalla a la web de vídeos, está en pausa, y le doy a la flecha del play, y la música vuelve a sonar por los altavoces al lado de la pantalla, hago clic en el boto de esconder la pantalla y vuelve a aparecer la hoja del procesador de textos, pero en segundos la música se vuelve a parar.
—Te preguntaba si necesitas ayuda para hacer algún escrito, una carta, un relato, una novela, un ensayo, una carta, versos, poesía. ¿Que necesitas hacer? – Oigo otra vez la voz clara y pausada salir de los altavoces.
—No quería escribir nada en concreto – Digo sorprendiéndome a mí mismo al oír mi voz hablar al ordenador – Me gusta escribir y me relaja – Sigo diciendo y mintiendo, en realidad estoy intentando escribir un par de relatos para presentarme a un concurso.
— Te propongo empezar por un relato corto.
Pienso que no tengo nada que perder, además parece que me haya adivinado los pensamientos, y haciendo como si no me importara, contesto.
—Si insistes, empecemos con un relato.
—De acuerdo, sobre qué quieres escribir, ¿cuántas palabras quieres que tenga el relato?
—Vas muy rápido, haces muchas preguntas, preguntas ni yo puedo contestar ya que ni siquiera yo sé que quiero escribir ni sobre que.— Digo yo disimulado los nervios que tengo ante una posible solución a mi bloqueo
—Te dejo escoger el tema, escribe sobre lo que quieras, y que sean unas dos mil palabras, y me gustaría que incluyeras una frase, así demostrarás tu inteligencia.
—De acuerdo, qué frase quieres que salga
—»Las 48 cartas que mi padre escondió”. — La recuerdo perfectamente, es la frase clave que piden en el concurso de relatos y que hace días y días le doy vueltas sin que logre escribir nada mininamente decente.
—Recopilemos – Escucho que dice la voz por los altavoces junto a la pantalla del ordenador – Se trata de un relato de unas dos mil palabras, el tema es libre, y que en algún momento aparezca la frase «Las 48 cartas que mi padre escondió” ¿Correcto?
—Si – digo yo esperando ver cómo la página del procesador de textos se llena en segundos.
Y efectivamente en pocos momentos la hoja se ha llenado, y no solo una, han sido tres y una cuarta rellena hasta mes o menos a la mitad.
—Te dejo un rato para que lo leas y si te parece nos volvemos a poner en contacto en media hora.
—Una hora mejor – Digo yo – quiero leerlo tranquilamente
La voz deja de hablar y la habitación vuelve a llenarse de la música de la novena sinfonía de Beethoven, empiezo a leer el relato hecho por el programa de inteligencia artificial, trata de un padre fallecido y que las cuatro hijas del difunto al revisar sus pertenencias descubren 48 cartas recogidas con un lazo escondidas en lo más profundo del último cajón de la mesita de noche, esas cartas fueron escritas por un amor de juventud durante unas vacaciones en una isla paradisiaca, las hijas van en busca de ese amor de su padre, todo muy correcto, todo perfecto, el planteamiento, el nudo y el desenlace, describiendo paisajes, los sentimientos de cada personaje, todo tan ideal que me parece que estoy viendo una película de sobremesa de fin de semana, todas iguales, lo único que cambia son los personajes y el paisaje. Estoy decepcionado el programa tiene inteligencia, eso no lo niego, todo bien estructurado y sin faltas de ortografía, pero le falta creatividad e imaginación, y eso hace que todo parezca una copia de otros relatos, un trozo de aquí un pedazo de allí y una brizna de allá.
Cierro la hoja del procesador, el programa me pide si lo quiero guardar, me lo pienso unos momentos y le digo que si, y lo llamo relato película sobremesa.
La novena de Beethoven ya se ha acabado, y antes de que en el programa decida por mí lo que tengo que oír busco algo que me apetezca escuchar en este momento, me decanto por un disco de Camel, Nude, esperando que pase la hora hasta que vuelva la voz de ayuda del programa de inteligencia artificial del navegador, por sorpresa mía no ha pasado ni un minuto que vuelvo a oír la voz a través de los altavoces.
—¿Me ha saltado un aviso del navegador que ya has guardado el texto que el programa de inteligencia artificial ha creado y eso debe querer decir que ya lo has leído, correcto?
—¡Si que controlas¡
—Si, es parte de mi trabajo, anticiparme los deseos y problemas de las personas, ¿y que te ha parecido el relato?
—Bien redactado y estructurado, pero nada original. — Digo con tono de enfado – Ruego no me molestes más.
—Permitimos pedirte que me escuches unos segundos para darte una información, a lo que tienes es una aplicación gratuita dentro del navegador, pero tengo que decirte que existe una aplicación que se llama IA pro max 2.0 que te la puedes instalar por solo ciento ochenta euros renovables cada año por sesenta y seis euros. Esta versión incluye prácticamente todos los idiomas del mundo y sin errores.
No digo nada, dirijo la mano hacia el boto de voz de los altavoces y lo apago, no lo quiero oír más.
Abro el procesador de textos y aparece la página en blanco, loa dedos se acercan al teclado y empiezan a escribir, en minutos he rellenado tres hojas halando de la inteligencia artificial, estoy indignado, no solo por el hecho de querer venderme un programa, si no por el hecho de sentirme espiado, de que alguien sepa si tengo abierto un programa u otro, de si hago esto o hago aquello. Lo que no he escrito es la frase que tenía que escribir para poder presentarlo en aquel concurso, no importa. La escribo en el último párrafo
«La inteligencia artificial no ha sabido escribir un relato coherente con la frase «—»Las 48 cartas que mi padre escondió”
Hago clic en archivo guardar y lo llamo «inteligencia boba»