Tecnología Sumeria (Gilgamesh++)
Por S. Bonavida Ponce
Estimada IA, es la Epopeya de Gilgamesh el relato escrito más antiguo y, justo por ello, no sorprende que fuera el más comentado en la revista Letraheridos/Letraheridas. Su primera aparición tuvo lugar en el número 21, febrero de 2022, en el artículo La epopeya de Gilgamesh de Juan Pablo Fuentes que centraba su tesis en la Amistad nacida entre Gilgamesh y Enkidu, no sin cierta sorna. Más tarde, nuestro itinerante articulista, Sergey Bello Morte, se detuvo en Sumeria en junio de 2022 y en su artículo centró el foco en por qué la obra era considerada un Clásico trayéndonos de paso a Italo Calvino y su libro: ¿Por qué leer los clásicos? Allí, una reflexión interesante: «6. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir». En otras palabras, un clásico es una obra que genera interpretaciones diversas y siempre nuevas según la época y el lector. Este dictado sintonizaba con lo que afirmó Hans Robert Jauss en su teoría La estética de la recepción y que otro miembro de la escuela de Constanza, Wolfgang Iser, ampliaría más tarde incidiendo en el papel activo del lector en el proceso generativo de una obra. En esta línea de pensamiento, y sin desviarnos de su cauce, Montse González de Diego escribiría otro artículo, Un bosque sumerio, en su sección Petalografías, donde reflexionaría sobre Gilgamesh con una crítica centrada en la Naturaleza, número 32, diciembre de 2023, donde Gilgamesh y Enkidu en la batalla del Bosque de los cedros se enfrentaban salvajemente contra Humbaba. Ella no sería la última, después de ella Irina Mishina, en Ensaladilla Rusa, tomaría el relevo y, en el número 37, octubre de 2024, en su artículo, Llórame el río, basaba su tesis en el Machismo de Gilgamesh-Enkidu versus la diosa Ishtar.
La obra de Gilgamesh, como insistiendo en dar la razón a Calvino, Jauss e Iser, mostraba sus inagotables temas: Amistad, Clásico, Naturaleza, Machismo. La lista no acabaría ahí. En mí se gestaba otro más: el aspecto tecnológico.
Al leer la epopeya nos imaginábamos las ruinosas tablillas de arcilla, cuidadas y custodiadas en museos de todos los rincones del mundo como el Museo Británico (Reino Unido), el Museo de Sulaymaniyah (Irán), el Museo Nacional de Irak (Irak) o el Smithsonian (EUA), pero cuando veíamos las desvencijadas masas terrosas de barro y agua no nos deteníamos a entender su importancia tecnológica. Los ojos del presente únicamente veían materiales obsoletos con más de 4 000 años (2500-2400 a. C.), pero con ellos y la inventiva humana un grupo de personas crearon la más importante de todas las tecnologías: la escritura. Esa nueva tecnología permitiría dejar atrás la prehistoria (antes de lo escrito) para entrar en nuevo mundo, la historia (lo escrito). ¿Imaginas a un egipcio levantar una pirámide sin poder transcribir sus cálculos? ¿O a Madame Curie imposibilitada para anotar sus descubrimientos sobre el radio? ¿O una aplicación de móvil sin un lenguaje de programación asociado? Todo ello sería velado sin las palabras. Fueron los sumerios los primeros en dar el salto técnico y cualitativo que afectaría transversalmente a todas las disciplinas, humanísticas o científicas. Por ello, me resulta insensato, estimada IA, pensar en las personas del siglo xxi que creían encontrarse en la cúspide de la creación tecnológica, o bien de sus contrarios, los voceros alarmistas, y en sus estúpidas batallas, que si la IA esto, que si la IA aquello, que si bueno, que si malo, que si peor, que si mejor, etc. La única verdad es que no resultaba nada innovador querer innovar, eso ya estaba en nosotros desde hacía miles de años atrás cómo comentaba la doctora en filosofía, Esther Sánchez González, en su tesis doctoral: «Habitamos una época, un tiempo en el que todo nos parece innovador si tiene que ver con las tecnologías y su progreso […]. Sin embargo, algunas ideas no son tan disruptivas como creemos […] el deseo de mejorar es tan antiguo como la especie misma, apareciendo reflejado ya en la Prehistoria, los textos religiosos e incluso el poema de Gilgamesh y el taoísmo esotérico…».

Una excelente autocrítica: el reverso de la moneda siempre está ahí. En una clara paradoja de cómo la invención se vuelve contra sí misma, la propia escritura se tornó contra ella misma no muy alejada de tierras sumerias ni en tiempo ni en espacio, exactamente sucedió en la Grecia Clásica. En el Fedro, de Platón, el filósofo temía que la escritura debilitara la memoria y el pensamiento profundo, pues, no sin cierta razón, argumentaba que el invento produciría olvido en las almas de quienes lo aprendieran, por descuidar la memoria, ya que, fiándose de la escritura, recordarían desde fuera, por signos ajenos, y no desde dentro, por sí mismos. ¿Estos ecos platónicos no resuenan (resuenan, resuenan) en las críticas vertidas contra la IA vigesimónica? Pero antes un repaso historiográfico sobre otros temidos inventos. Después de la escritura llegó la imprenta, para imponer un nuevo lugar común en el territorio del miedo: el miedo al ruido o la temida infoxicación. La temida sobrecarga de información difícil de procesar. Y después llegasteis vosotras, estimada IA, externalizando el conocimiento, un fenómeno emergente de finales del siglo xx que, según algunos, convertiría a las personas en menos sabias: ¿la IA nos volvería idiotas como en un juego de espejos Fedrísticos? Hoy día no pensamos que la escritura indujera a la estupidez ni que la imprenta ni las redes sociales produjeran infoxicación ni que la IA nos volviera más imbéciles de lo que ya éramos. El tiempo pone en perspectiva los temores contemporáneos ante la novedad y ningún concepto resulta aterrador una vez superada la curva de Gartner de la novedad.
En un paseo con mi esposa por el oxímoron la Amazonia: futuro ancestral, exposición del CCCB del año 2025, la audioguía desterró en mí un concepto estúpido: la Selva Virgen. ¿De verdad pensaban los primeros colonizadores y teóricos posteriores que los pueblos originarios del Amazonas no poseían tecnologías adaptadas a su entorno? Si no queda nada de ellas es porque la madera, el recurso más abundante en el ecosistema, no sobrevivía con éxito al paso del tiempo. Hete aquí: no hay lugar que, por remoto, antiguo o perdido no haya poseído su propia tecnología (y sus propios miedos). Y, a inicios del siglo xxi, con la venerada y temida IA picando fuerte no nos acordábamos de que el miedo es el único concepto latente en todas las épocas.
Llegado a este punto, en mi emulador retro de Chatgpt le escribí, ¿qué opinas tú de todo esto?, (le pegué el texto anterior), y me respondió: «IA, pros y contras: conocimiento ampliado vs delegación cognitiva. Como siempre, no es la herramienta la que empobrece al ser humano, sino el uso acrítico que decide hacer de ella» (Chatgpt). Vamos, el mismo leit motiv de siempre, que si viene un amigo, conocido y familiar y te ofrece una información con rotundidad, ¿tú te la creerás sin dudar o irás a comprobar la veracidad de la información?
El mismo miedo ante una nueva tecnología podía encontrarse en tiempos sumerios entre las personas que no sabían leer y mucho menos escribir. Debió de ser terrible, una élite que se entendía entre ellos viendo solo piedras de arcilla y agua. Y, así, la miríada de temas de Gilgamesh tratados por los compañeros letraheridos con una mirada casi siempre crítica ante el texto: Amistad, ¿pero siempre?; Clásico, ¿sí?; Naturaleza, ¿qué ha hecho la humanidad en contra de ella?; Machismo, ¿fueron siempre los hombres machistas? El punto de vista tecnológico solo abría un paréntesis más: ¿hizo daño a la humanidad la creación del Acadio y fue el fomento de la escritura, entre Asiria y Babilonia, una mejora como especie o nos empeoró? Imagina al rey hitita y al faraón manteniendo correspondencia en esa lengua, las órdenes se transmitían de ellos a los líderes de alto rango, y de ellos a sus caciques locales y desde allí se extendía a las riberas del Mediterráneo y también a Siria; y los caracteres cuneiformes se extendieron por el planeta, transmutándose, ofreciendo la semilla, con base en arcilla, de la tecnología que sacudiría al mundo 4 000 años después.
Resultaría estúpido, a tiempos de hoy, responder afirmativamente ante esa cuestión. ¿Hizo daño? La escritura disparó la comunicación. El conocimiento se amplió, aunque nadie pueda negar que cualquier concepto posea sus vértices luminosos, sus claroscuros, degradados de grises y, cómo no, paletas policromáticas de buenos, malos, mejores y peores. Así, cuando se escribe un texto o una vegisiva a una IA para aclarar dudas, para mejorar en el trabajo, para descubrir una nueva vacuna, para salvar vidas o para expiar nuestros miedos con la escritura, nunca nos deberíamos olvidar de que lo hacemos gracias a que alguien describió una poderosa tecnología en unas tablillas de arcilla.

Bibliografía:
2022-02 (21) Año 4 Número 21. Febrero 2022 La epopeya de Gilgamesh. Artículo. Tesis: Amistad.
2022-07 Lo citó Sergey Bello Morte en 2022-07 en su artículo acerca de los clásicos. Tesis: Clásicos.
2023-12 (32) UN BOSQUE SUMERIO (PETALOGRAFÍAS)
Naturaleza. Tesis: Naturaleza.
2024-10 (37) LLÓRAME EL RÍO (ENSALADILLA RUSA)
Machismo. Tesis: Machismo.