Vida y milagros de san geromo capirote
Por Plutarco de Queronea
Recuerdo perfectamente a mi madre, que ya desde muy pequeño me decía:
—Hijo, deja ya de hacer bobadas, porque pareces más tonto que Capirote.
Yo nunca le di importancia a las palabras de mi mamá, pero cuando comencé a afeitarme me interesé mucho por el patrón de los tontos como yo. Y empecé a leer la vida del santo y sus obras milagreras.
Ya desde muy pequeño, el santo Capirote, apuntaba maneras. Dicen de él los legajos más antiguos que cuando iba a la cantera a cargar piedras para construir una ermita a San Juan Bautista, desde lo alto del cantal arrojaba la piedra que pujaba y luego se lanzaba él también, haciendo un ovillo con su cuerpo, detrás del pedrusco para no tener que ir andando hasta el valle donde se estaba construyendo la iglesia en honor al primo de Cristo.
Otro día, su padre que era un borrachín, le envió a la taberna a por un pellejo de vino. Por el camino, unos haraganes que sabían de las deficiencias del pobre Geromo, le engañaron y luego le bebieron todo el odre de vino rellenándolo con agua de la fuente. Cuando llegó a su casa y le entregó el pellejo a su padre, al comprobar éste que era agua lo que estaba bebiendo y no el vino que él le encargó le increpó.
—¡Maldito rufián! ¿Qué has hecho con mi vino?
—Ha sido un milagro del Señor—se disculpó Geromo— que queriendo que dejes la bebida ha decidido hacer el milagro al revés, convertir el vino en agua.
—Si es así como dices, te perdono—le confirmó su padre., mientras se había desplomado de espaldas, y quedándose tan dormido que no despertó hasta el tercer día. Según dijo otro santo anacoreta, contemporáneo de nuestro Geromo Capirote, este suceso se podría considerar como un milagro, ya que evitó que su padre le diese una soberana paliza y además despertó al tercer día, argumentando que Jesucristo también resucitó al tercer día.
Una mañana dominical, como todavía no había campanas en la torre de la ermita, se subió al campanario e imitando el sonido de las campanas hizo que todos los pueblos de los alrededores oyesen las voces de San Geromo, imitando el tañer de las campanas. Por supuesto que esta acción fue considerada como otro de los milagros del santo.
Todo el mundo se burlaba del pobre Capirote. Un día los más listos de la comunidad, queriéndose burlar de nuestro santo, le encargaron algo tan inaudito que hoy en día se sigue hablando de aquel suceso que acaeciese hace setecientos años. El líder del grupo se acercó a Geromo y le dijo en tono solemne.
—Geromo, las vacas están dando muy poco producto lácteo. Y nos ha dicho un santo varón de la comarca, que si alguien les canta una canción y habla con ellas durante cuatro noches y cuatro días, darán tanta leche que no habrá tinas en todo el condado para recoger su lactosa. Y el alcalde de nuestro villorrio, ha decidido que seas tú quien estimule a las bovinas.
Geromo Capirote cumplió al pie de la letra todo lo que le dijeron los gamberros del pueblo. Y estuvo los cuatro días y cuatro noches que le encargaron contándoles historias a las vacas y cantándoles coplas.
Al cuarto día, cuando todos los habitantes del pueblucho se disponían a burlarse del santo Capirote, se quedaron todos estupefactos al comprobar que las vacas daban leche sin parar y sin ordeñarlas; y otras crónicas añaden, aunque esto último no está probado, que una de las vacas dirigiéndose a los habitantes del pueblo añadió en voz alta.
—Que sea la última vez que os burláis de este santo varón o dejaremos de daros leche para toda la eternidad.
Al oír las palabras de la vaca que se dirigía en aquellos términos a toda la población, los paisanos de Geromo se arrodillaron, pidieron perdón por sus pecados y prometieron no volver a burlarse de nuestro santo jamás.
Otro historiador del santo descubrió dos siglos más tarde que San Geromo Capirote, se hizo tan amigo de las vacas y de los bueyes de la región, que para no hacerles trabajar los montaba en el carro y él tiraba de ellos para acercarlos a los pastos.
Yo sé que a la muerte del santo se encargó que se construyese una ermita. Hoy es el día en el que sigo investigando dónde está situada. Y pueden estar seguros vuesas mercedes que en el momento que sepa de su ubicación se lo diré, para que si les viene a bien ir a visitarla.
Esta historia me la contó un viejo fraile franciscano, que había sido expulsado de su convento. Y tal como me la contó él, yo os la cuento.
Los hechos acaecieron en el año de Nuestro Señor de 1.235.