Laboratorio 17 de octubre: Salimos del bosque
Comentaremos textos escritos por los participantes y haremos actividades de escritura en el momento, que nos pueden servir como semillas para la sesión siguiente o no.
Cada sábado tendremos una consigna sobre la cual escribir. Los textos se tienen que poner en los comentarios de la entrada pertinente antes del viernes anterior a la sesión. Podemos poner el texto tal cual o un enlace a un sitio donde leerlo. Los textos tienen que tener, como máximo, 900 palabras. Cada participante tiene dos compromisos: a) Escribir un texto y b) Leer los de los compañeros.
El laboratorio tendrá un número limitado de participantes. Para cada sesión podrán asistir quienes cumplan las dos condiciones anteriores, por orden de presentación de textos. Pedimos a todos los participantes honestidad y buen rollo.
Consigna: Finalizamos las historias caminando por un bosque. 3000 palabras en tres sábados
Tenéis que escribir vuestros textos y ponerlos en los comentarios de esta entrada, bien pegando directamente el texto, bien poniendo un enlace donde leerlo hasta el jueves anterior a las 12 de la noche. Tenemos hasta la sesión para leer los relatos de los demás.
Cualquier duda la podéis preguntar por el grupo de Whatsapp.
14/10/2026 @ 12:03 pm
https://docs.google.com/document/d/1q7QQqrMggP1CfepbSCulfoGW_8YlhtQ6/edit?
Está el relato entero. La última entrega está marcada con el «3».
15/10/2026 @ 5:32 pm
El dolmen
Que hable con los abogados de su marido ¡Será hija de puta! Se le ha metido en la cabeza quitarme la custodia y no va a parar hasta conseguirlo y total para qué para no hacerles ni puñetero caso como no les hacía cuando estábamos casados solo quiere hacerme cuanto más daño mejor no sé de dónde le ha salido esta rabia estas ganas de joderme de hundirme en la miseria a toda costa ella ha rehecho su vida se ha casado con un tío de pasta y no deja de poner fotos de sus vacaciones en Bali que sí que ya sé que no debería mirar su cuenta de instagram y que debería pasar página me lo has dicho mil veces pero soy imbécil ya lo sabes y yo no tengo dinero ni para irme a Asturias y tengo que estar aquí en el pueblo para aprovechar que tengo canguro gratis le doy una alegría a mis padres y ahorro un poco que falta me va a hacer si esta cabrona cumple sus amenazas aunque no sé qué voy a hacer contra uno de los mejores bufetes de Barcelona si apenas me dio para pagar la abogada más barata que encontré para que me asesorara en los papeles del divorcio y que me lo pinta todo muy negro si solo me puedo permitir un cuchitril en el Raval con los yonkis entrando y saliendo para comprar al camello del piso de arriba ya me está subiendo la ansiedad y la respiración 4 7 8 no me hace nada ni pasear por el monte haz ejercicio me dicen todos pero sigo igual de ansioso y más cansado al menos el paisaje es bonito me dan ganas de abrazar a algún árbol, como decía la del grupo de apoyo que la naturaleza es sanadora y a mí me encantaba escucharla porque tenía una voz muy dulce y una sonrisa sincera pero a mí todas esas ideas pagüerflagüer me parecen una chorrada ¿O no? ¿Le doy un abrazo? tendría que ser con consentimiento creo yo ¿Dónde coño estoy? este camino no me suena creo que he torcido mal en el último desvío por estar pensando en la hija de puta que es capaz de joderme incluso a distancia solo falta que me pierda por el bosque y me caiga por un barranco.
El google maps no funciona por aquí la cobertura es una mierda como la cosa se ponga chunga no voy ni a poder llamar para que vengan a buscarme y falta poco para que se haga de noche a ver si el sol se está poniendo por allá entonces creo que para ir al pueblo debería ir en esa dirección pero el camino va por otro lado y por ahí solo hay montañas y no estoy yo para subir esa ladera rocosa y empinada si sigo por el camino al final dará la vuelta creo yo y si no a algún sitio llevará a otro pueblo aunque sea algún sitio con cobertura y con civilización o a alguna casa perdida en el monte aunque si es el caso igual me da el canguelo que ya he visto la matanza de Texas y cualquiera se mete en una casa desconocida te sale un pastor todo amable y para cuando te quieres dar cuenta ya te ha deshuesado y colgado de un gancho joder ahora se me ha metido el miedo en el cuerpo es que soy gilipollas y mas todavía caminando por medio de un bosque y a punto de anochecer aunque más miedo tendría que tener a los animales salvajes que esto no es la selva tropical pero alguno hay venga palante a paso rápido que como me pille la noche oscura sí que estoy jodido además seguro que mis padres están preocupados y ya me imagino diciéndoles a los niños que vuestro padre siempre igual que no tiene cabeza si es que tengo al enemigo en casa si no me dan una bofetada por un lado me la dan por el otro coño dejadme salir a tomar el aire y si llego tarde no pasa nada que ya no tengo quince años como para que me esperes en la puerta con el reloj en la mano ¿Eso es un trueno?
Ahí parece que se ve algo como una cabaña chiquita ya me han caído algunas gotas yo me acerco y me importa tres cojones si me sale alguien que me deshuese porque ya qué más da podría ser peor podría llover pues toma lluvia no es una cabaña son unas piedras enormes como un dolmen pero mu currado no como el que está a diez kilómetros del pueblo dos horas de ida y dos de vuelta con un calor de cojones para ver cuatro piedras mal puestas que si no tuvieran un cartel al lado ni las mirabas dos veces que sí que tendrán su importancia y te sobrecoge pensar que hace diez mil años había gente que venía aquí a enterrar a sus muertos pero no queda ni las sombras yo me esperaba algo más monumental algo como esto coño que es impresionante las paredes miden tres metros por lo menos y deben pesar un huevo y como cojones lo harían para poner el techo que está encajado perfecto y debe pesar tres toneladas es raro porque nadie me había dicho nada y no está tan lejos a no ser que los del pueblo sean también unos hijos de puta y te manden al dolmen de mmierda y no te digan nada del bueno o que yo soy tonto y confundí las indicaciones que todo puede ser pero me viene perfecto porque se ha desatado el diluvio si no lo encuentro me quedo hecho una sopa y seguro que con la suerte que tengo pillo una pulmonía aquí dentro no me mojo e incluso se está calentito antiguo pero bien construído aunque seguro que no era para habitar sino para enterrar a algún tío importante me pregunto si esos huesos se los llevan los paleontólogos o los dejan aquí después de estudiarlos no es que me importe estar al lado de unos esqueletos del año de la castaña pero me da curiosidad seguro que se los han llevado lo miraría en google pero sigo sin cobertura vaya mierda ¿Eso del techo qué es?
¡No morirás, Anuj el victorioso! Tú que llenaste de valor nuestros corazones y nos llevaste a derrotar a todos nuestros enemigos. Éramos un pueblo asustado que pagaba tributos y veía como nos arrebataban las cosechas y violaban a nuestras mujeres. Hasta que tú dijiste ¡Basta! Nos mostraste el camino del orgullo y conquistamos las tierras y los ríos se tiñeron de la sangre de nuestros opresores, y nos quedamos con sus rebaños y sus mujeres.
¡No morirás, Anuj el justo! Tu sabiduría era tan afilada como tu espada, y sabías negociar la paz cuando era ventajoso, y no había descontento entre tu pueblo, porque no deseabas las mujeres ni las riquezas ajenas, eras generoso pero implacable cuando era necesario. Tu hogar era humilde y decorado con las manos momificadas de todo aquel que conspiró contra ti o se atrevía a desobedecer tus reglas.
No, no morirás. Tu pueblo te necesita. He consultado las vísceras y todas dicen lo mismo. Sin ti en el mando comenzarán las luchas entre facciones, y nuestros enemigos volverán con saña, y nos matarán y nuestras mujeres e hijos serán esclavas suyas y todo será llanto y crujir de dientes y tu recuerdo se irá desvaneciendo con cada lluvia de otoño.
Todo en ti era perfección. Por eso los dioses te tuvieron envidia. ‘Sé que tú me curarás, mi fiel sacerdote’. Tuve que mentirte por primera vez, mirándote a los ojos. Porque la enfermedad que te consume se fraguó en lo alto, y sanarla no está en las manos de un simple mortal. He hablado con las almas de los muertos. He rogado frente al consejo de árboles. Me he purificado en las aguas de las montañas. Siempre con la misma respuesta.
Lo que los dioses atan los mortales no lo podemos deshacer. He llorado amargamente mi fracaso, porque es la condena de nuestro pueblo. Más doloroso aún, la pérdida de mi mejor amigo. Si hiciera falta bajaría hasta el mundo oscuro para traerte la cura. Negociaría un intercambio con la araña devoradora, mi vida por la tuya. Pero todos los caminos están cerrados. Nadie puede escapar de la envidia de los dioses.
Pero no morirás Anuj, amigo mío. Porque confiaste en mí cuando era un paria y salvaste mi vida en incontables ocasiones y te debo todo. Porque mi amor por ti es más grande que la vida y que los dioses y ha guiado mi pensamiento hasta lugares donde no llegaron ni los espíritus de los muertos, ni los del bosque, ni de la tierra. Cuando estaba en noche oscura vi la luz y el camino a la salvación. No morirás, amigo, no morirás.
No puedo salvar tu cuerpo, pero sí preservar tu espíritu. Mientras los dioses vigilen no tendrás paz, pero con el paso del tiempo incluso los dioses pueden morir. Cuando llegue ese momento volverás, Anuj, el victorioso, el justo, el perfecto, mi amor, mi amigo. Volverás a caminar entre los hombres y a traer la victoria a tu pueblo, espero que sea pronto.
Hemos alzado las mejores piedras para tu tumba. He sacrificado a siete primogénitos nacidos cuando la dama nocturna es más brillante. Sus padres los han ofrecido orgullosos, tal es la devoción que te tienen y ellos se han entregado sonrientes. He ayunado siete días y solo he bebido agua de rocío para no estar contaminado. Me duele verte así, pálido, dentro de tu futura tumba. No puedo evitar que las lágrimas rueden por mi rostro.
Me tiendo a tu lado. Con la sangre dibujo en el techo la espiral que confundirá a los portadores. Los símbolos que te garantizarán la protección de las ramas de los árboles. El agradecimiento a la lluvia que te esconderá y te traerá de vuelta. Tu nombre secreto. La plegaria secreta que solo quien ha caminado por las sombras conoce.
Mi brazo no tiembla. No cometo ningún error. Te agarro de la mano y sonrío. Para que todo funcione, mi sacrificio es necesario. Mi espíritu no permanecerá contigo, se entregará a la rueda incesante de las tormentas del mundo oscuro. Saco tu espada corta, la que tantas victorias te dio en el combate, la apoyo en mi pecho y aprieto. Todo está consumado.
Acaricia la superficie de la roca. Los dibujos le recuerdan las pinturas rupestres que vio en el libro de historia de la escuela, pero parece que estén acabados de pintar. La mirada se le pierde en el centro de la espiral mientras sus dedos raspan, fuera de su control, los relieves afilados del techo. Empiezan a sangrar pero no lo siente. Le parece escuchar unos susurros que vienen de todas partes, también de su interior, y un frío como un cuchillo le atraviesa la columna. Lleva casi un minuto absorto, sin respirar, y su cuerpo pega una bocanada desesperada, como si fuera un ahogado que acaba de salir a la superficie. Empieza a mascullar en un idioma que no conoce, pero que le parece familiar. Y grita, con un rugido que le sale de las entrañas, gutural, desafiante. La sangre de sus dedos se ha mezclado con los dibujos de la piedra, han desfigurado la espiral y entonces nota que puede apartar la mirada, y se arrastra como puede al exterior.
La lluvia cae con más fuerza que antes, los relámpagos cruzan el cielo y se escuchan los truenos como si los tuviera al lado, pero él no se da cuenta. Su cuerpo está ardiendo y las gotas de lluvia se evaporan antes de tocar su piel. Camina torpemente, pero con determinación. Sabe perfectamente dónde está y cómo llegar a su casa. Nunca más estará perdido. Sus pasos se hacen cada vez más seguros y camina erguido, con la mirada de un iluminado. Piensa en sus problemas y se da cuenta de que se había ahogado en un vaso de agua. Solo tiene que poner orden en su vida. Buscar su lugar en el mundo. Se le ocurren muchos caminos, no tiene que ser difícil. Sonríe. Cuando llega a casa sus padres le preguntan que dónde ha estado, que estaban preocupados, empiezan a refunfuñar. Él les calla solo con la mirada y abraza a sus hijos, por lo menos tiene hijos. Nadie se sorprende que haya regresado bajo la lluvia y esté completamente seco.
– Hola, no sé si me conoces. Soy el vecino de abajo
– Me suena tu cara..
– ¿Puedo pasar?
– ¿Pero qué dices tío? Ni de coña ¿Qué eres, un estupa?
– En realidad no era una pregunta
– ¿Dónde te crees que vas? Que te reviento ¡Suelta, suelta, por favor!
– Me hubiera gustado ser más cortés, pero mejor así, sin tonterías. ¿Quién te vende la droga?
– ¿Cómo?
– Es una pregunta muy fácil. Tú traficas, pero alguien te debe proporcionar el material. Dime quién es y te dejo tranquilo.
– ¿Pero estás loco?
– Mi salud mental no es el tema de discusión aquí. Dime quién es tu proveedor y dónde encontrarlo y no te molesto más.
– ¡Para, para! No puedo decírtelo, me matará…
– Yo veo dos opciones, o me lo dices y hay una posibilidad de que te mate, o no me lo dices y entonces te mato yo y busco a un gilipollas que tenga más facilidad de palabra ¿Qué prefieres?
– El Ronchas, me lo pas el Ronchas, pero por favor, no le digas que te lo he dicho yo, por favor, por favor
– El Ronchas. ¿Ves cómo no es tan difícil? Y ahora me vas a explicar dónde encuentro a ese Ronchas, que pintas tiene, y, si voy a su cubil, a cuanta gente me voy a encontrar.
– Las armas de fuego son impresionantes, no te lo niego, pero yo me siento más cómodo con estas dos amigas. La media la uso con la izquierda y la corta con la derecha. La media no solo corta, es un escudo fenomenal, paro los golpes mientras acuchillo con la corta. Pero es importante saber cambiarlas de mano cuando te convenga.
– Pero la pistola la tengo yo. No te acerques o disparo.
– No, no vas a disparar. Por varias razones. Como has visto, aunque me pegues un tiro, me va a sobrar tiempo para matarte. Me acabas de ver en acción y lo sabes. Si yo fuera tú me preguntaría ¿Por qué no me ha matado?
– ¿Por qué no me has matado?
– ¡Pregunta correcta! Llevo un mes vigilando vuestros movimientos. Sé que el Ronchas es un tío muy bestia, pero con pocas luces. Bueno, nadie en este grupo parece muy espabilado. Menos tú. Tú tienes algo especial.
– ¿Y eso qué? ¡No te acerques!
– El Ronchas te tenía desaprovechado. Tú puedes llegar mucho más lejos. Creeme, nunca me equivoco con las personas. Te estoy ofreciendo un empleo. Necesito a alguien inteligente y que conozca el ambiente. Mi intención es ser el jefe de esta zona. De momento.
– ¡Tú estás loco!
– Parece que todo el mundo está obsesionado con mi salud mental. Te estoy ofreciendo la oportunidad más grande de tu vida. Puedes seguir siendo un pringado en la nueva cuadrilla que quién sea ponga para controlar el mercado, o puedes ponerte de mi lado. Es sencillo.
– Nadie puede enfrentarse al jefe, menos un recién llegado como tú.
– Le puedes preguntar a la sangre derramada de tus amigos. La decisión es sencilla. Si quieres venir conmigo, guarda la pistola. Si la respuesta es no, pégame un tiro y reza a tus dioses para que sea un disparo letal.
– A este os lo cargáis. Pero rápido, que no sufra. A ella la dejáis viva, pero le cortáis la mano.
– Ok, jefe.
– Y me la traéis.
– ¿Qué?
– La mano, que no se pierda. La quiero.
– Lo que usted diga.
– Suerte
– Lo harán bien, Juan. ¿No crees que te pueden investigar por sospechoso?
– A estas alturas ya no importa. Tenemos suficientes infiltrados en la policía. Y yo voy a estar muy lejos y muy visible cuando ocurra.
– No te imaginaba del tipo vengativo
– No lo soy. Violencia la mínima. Pero el respeto es sagrado.
– ¿Pero este tío quién cojones es?
– Se llama Juan López. Hemos investigado y parece que era un panoli, un pringado que vivía debajo del Antonio. No sabemos de dónde ha salido.
– ¿Me estás diciendo que un tío mierda se ha hecho con el control del Raval y que nos tiene contra las cuerdas? Para mí que es algo de los colombianos. Nos han metido a un ejecutor para apretarnos. ¡Juan López! Ese nombre es inventado.
– Yo tampoco me lo creía. Pero es así. No tiene ni antecedentes.
– Quiero su cabeza con su polla metida en la boca.
– ¿Crees que no lo hemos intentado? Pero el tío es duro de cojones. Ni siquiera va con pipa, lleva dos cuchillos de cocina solamente pero nadie quiere meterse con él.
– ¿Me estás diciendo que la gente le tiene miedo a un tío con dos cuchillos?
– Tenías que verlo en acción. Dicen que es como en las películas. Además, le guardan bien las espaldas. Ha reclutado a gente muy buena, les paga bien, se preocupa por ellos.
– Lo dices como si te quisieras cambiar de bando…
– No me entiendas mal. Pero la gente habla, y hay bastante de los nuestros que estarían dispuestos a cambiar de bando si las cosas se ponen feas.
– ¿Pero esto qué mierda es? ¿Ahora van a montar un sindicato o qué?
– Está estableciendo relaciones muy rápido…
– Los colombianos no me han dicho nada.
– Para ellos esto es un negocio. Venden a quién compre. Si controlas tú o controla otro les da exactamente igual. Y si el otro es más serio y paga mejor…
– Si quieres hacer las cosas bien, las tienes que hacer tú mismo. Yo me encargaré de darle matarile.
– Todos los lugartenientes están de acuerdo con que seas el nuevo jefe.
– Siempre hay alguno que quiere tocar los cojones. Vigílalos con discreción y me avisas.
– Toda la droga que se mueve en la ciudad está bajo tu control. ¿Y ahora qué? ¿Vamos a por el resto del país? ¿A por Europa?
– Podríamos, amigo mío, podríamos. Y eventualmente, lo haremos. No creo que sea más difícil de lo que hemos hecho aquí. Pero no, tengo pensada otra cosa.
– ¿El qué?Ahora que tenemos el dinero suficiente, vamos a meternos en un mundo mucho más peligroso. Un sitio donde siempre tienes que vigilar las espaldas, no hay reglas, y todo el mundo puede ser tu enemigo, sobre todo el que dice que es tu mejor amigo.
– Me estás asustando.
– Deberías. Ha llegado el momento de subir un peldaño. Ha llegado el momento de entrar en política.
15/10/2026 @ 7:26 pm
Parte 3 del relato, he dejado también la 2.
https://cloud.o2online.es/share/FHSEXXZ3TDZDPERG
15/10/2026 @ 7:27 pm
La parte 3 del relato es nueva, he dejado también la 2.
https://cloud.o2online.es/share/FHSEXXZ3TDZDPERG
15/10/2026 @ 11:11 pm
Consigna complicada o la complicación con la consigna
Vas por el bosque y te encuentras algo. Vale. Visualizo un bosque, frondoso, en el que entra poca luz, con líquenes y musgo verde, el suelo lleno de hojas secas. Aparece Caperucita, tra la la, tra la la y encuentra al lobo. Podría hacer que el lobo es el bueno y Caperucita una pervertida vestida con un corsé y un tanga. Es patético, muy poco imaginativo. Además, ya hicimos un cuento basado en cuentos infantiles.
Otra vez. Vas por el bosque y te encuentras algo. ¿Qué te puedes encontrar en un bosque solitario? Si es solitario, pues nada, por eso es solitario. Habrá setas, árboles, una Caperucita pervertida con un escote divino y un canalillo que invita a lanzarse de cabeza y un lobo excitado. Para, para. Que esto lo acabo en 30 palabras y necesito 3000.
Otra vez. Vas por el bosque y te encuentras algo. Cambio el escenario, el bosque no es frondoso, incluso podría ser una dehesa, puedes ver una liebre, mejor una liebre que un conejo que no sea que me líe otra vez, la liebre corre y se esconde en un agujero oscuro en forma de triángulo invertido. Joder Raquel, con esta consigna solo me vienen ideas pervertidas, los troncos de los árboles como falos erectos y agujeros oscuros con forma de triangulo invertido. Para, para. En los bosques no hay nada, ni mujeres ni pollas ni coños. Nada.
Otra vez. Vas por el bosque y te encuentras algo. Ahora calma, respira hondo, cierra los ojos, deja que te llegue una imagen. Estás en lo alto de una colina, a lo lejos un bosque, una chica a caballo se acerca, el caballo es blanco, como la del anuncio que ponían en el tele de hace mil años de brandy o coñac, ¿o era el video de una canción? la canción de la chica de Ipanema… oh, qué cosa más linda, llena de gracia… en brasileiro. Carlos ¿cómo era? Seguro que te suena. Eso es, garota de Ipanema. Pues vaya, con el nombre de garota imposible imaginarse a una chica guapa. En italiano, ragazza da la imagen de una chica joven, morena, con una bonita sonrisa, incluso en inglés, una girl piensas en una chica rubia con la dentadura perfecta, pero garota, me viene a la mente una chica deforme con una verruga en la nariz y una mirada esquiva, los brasileños sabrán de mulatas pero no saben nombrarlas. No creo que el anuncio de brandy hubiera una mulata ni que sonara la canción de la de Ipanema, pero recuerdo la imagen muy nítida: a la chica con la camisa blanca abierta, las piernas desnudas que dejan entrever que no lleva nada. Para, para, que te has desviado, estás intentando escribir un relato que pasa en un bosque.
Otra vez. Vas por el bosque y te encuentras algo. Tampoco debería ser tan difícil, no parece una consigna tan mala como para que no te salga una escena, que pase algo, un desenlace que sirva de disparadero. Ahora cambia, no pienses en el bosque, piensa en una cabaña hecha de ramas, es la casa de una bruja. Abres la puerta, hay telarañas, la puerta chirría, es de madera muy pesada y está podrida por abajo. Una vez dentro hay luces tenues, se oye música. La garota de Ipanema, una chica joven está bailando en una barra poniendo el culo en pompa, una camarera con los pechos al aire te sonríe. Para, para. ¿De verdad un puticlub en medio del bosque? Llegaré al sábado sin relato.
Joder, estoy harto de luchar contra los elementos, si la consigna requiere sexo, pues que tenga sexo, sexo explícito, no erótico, ¡pornográfico! Que así sea.
Genial. Ahora, para que haya sexo, se encontrarán dos. Mejor dos, si solo hay uno lo termino en un párrafo. O tres. Mira. Tres no estaría mal. Cuatro serían demasiado y un lío de personajes. Tres obliga a participar a todos ellos y puede ser más revelador. ¡Mira! La primera palabra interesante de este relato, un trío puede ser revelador. Voy por buen camino.
Harán un trío en el bosque, ya que el dichoso bosque tiene que aparecer, pues que pase en un bosque.
Ya tengo el lugar y el número de personajes. Ahora la trama: Unos amigos de acampada que comen setas alucinógenas que les ayuda a desinhibirse y follan como conejos en el bosque. Vaya chorrada. Otra vez. Marido y mujer de mediana edad en una excursión por el bosque para reencontrarse, han pasado alguna dificultad o la rutina los ha separado como pareja, quieren volver a tener la conexión del pasado. Van al bosque donde hicieron el amor por primera vez, pero encuentran a un loco que los ata y se los folla durante tres días y el loco les hace un favor porque les enciende otra vez la chispa de su vida sexual. No está mal, es bastante pervertido, si describo las escenas y pongo la canción de la Garota de Ipanema de fondo puede dar de sí. Pero no me gusta el violador, no hace falta la violencia, podría ser una pareja de mediana edad que busca una experiencia diferente y le proponen al guía hacer un trío. Not bad. Da juego que sean dos hombres y una mujer, un hombre que nunca ha pensado en tener una experiencia homosexual.
Lo escribiré en primera persona que da más realismo, desde el punto de vista del guía que se presta aunque nunca ha hecho algo semejante.
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Vale, lo tengo. El primer paso que hará la pareja para tantear al protagonista será que la tía se bañará desnuda en el lago, el guía la observará con deseo y el chico le propondrá hacer el trío. Hacer un trío en una tienda de campaña debe ser muy incómodo, la otra opción es hacerlo en el suelo a la luz de la luna, pero en el suelo siempre hay piedras o raíces o bichos y eso no mola.
Para la tía describiré a mi amiga Esther, que siempre me ha dado mucho morbo y el tío será como Pedro, que se cuida y que pega para el papel y que tiene su punto.
No haré un relato lineal, que será muy aburrido. Empezaré el relato cuando ya están en el lío e iré añadiendo elipsis para describirlos y explicar cómo han llegado a hacer el trío, creo que así el relato será más intenso desde el principio y espero que a Alicia le guste este golpe de timón y que no le parezca previsible.
Me acerqué a Esther que buscó mi boca, agarró mi mano y se la puso en el pecho que amasé y apreté su pezón. Gimió, giró su cabeza y besó a Pedro. Yo no sabía muy bien que podía hacer, estaba descolocado y aún tenía miedo que las cosas se torcieran. Mi mano cambió de pecho y me topé con la mano de Pedro, la aparté como si hubiera tocado una plancha caliente.
No me gusta, va demasiado lento, tendría que empezar cuando ya están follando.
Estábamos los tres en la tienda de campaña, Pedro estaba encima de Esther moviendo sus caderas follandola rítmicamente, yo estaba a su lado observándolos, Esther me acariciaba con la mano, estiró el cuello pidiéndome con el gesto que la besara, me puse de lado y acerqué todo mi cuerpo para notar todo el calor de la piel de ambos en la mía y nos besamos intensamente. Nuestros cuerpos seguían el compás de los embistes de Pedro, con mi mano libre acaricié el muslo de Esther, recorrí su cuerpo que confundí con el de Pedro y sin casi darme cuenta mi mano estaba sobre su espalda.
Joder con las manos del guía que todo el rato van a Pedro, ya las podría tener un poco quietecitas. De todas maneras este principio me gusta, es suficientemente caliente para atraer la atención. Ahora haré una elipsis para presentar a los personajes y bajar la calentura.
Había conocido a esta pareja el día anterior, cuando los recogí en el centro de visitantes para guiarlos en una excursión al lago Estallenc que duraría dos días. Desde el primer momento estuve relajado con ellos, los dos estaban en forma, llevaban buen equipamiento y se notaba que sabían moverse por la montaña. Debían estar al final de los cuarenta años, Esther tenía la piel morena, con una cabellera ondulada, una voz melodiosa, un culo respingón apetecible, una sonrisa preciosa y un escote que se le formaba un canalillo que daban ganas de tirarse de cabeza. Pedro tenía la cabeza rapada para disimular su calvicie, sin barba, mantenía su cuerpo en forma, se notaba que se cuidaba, era tan alto como yo, con una sonrisa franca, un tono de voz pausado que te hacía sentir bien y un pollón de palmo y medio.
Maldito guía obsesionado con Pedro, mi idea era que se liara con Esther.
Pedro dejó de moverse y me miró, por un momento pensé que se iba a complicar, que me diría que es lo que estoy haciendo, me darían una paliza hasta matarme y me hundirían en el lago con unas piedras dentro del saco de dormir. En lugar de eso Esther le dijo al oído a un volumen para que yo pudiera oírlo.
—Déjale un rato a él.
Pedro se desacopló con una ligera sonrisa en sus labios cuestionándome con la mirada para que me moviera. Se puso de rodillas entre las piernas de Esther mostrándome una polla enorme erecta y brillante.
¡Otra vez! Lo había creado con la idea de que se fijara en Esther. De todos modos me gusta como está quedando, es muy sexual. Estoy seguro que Luis no se quejará que no describo el sexo con todas las palabras. Ahora volveré con otra elipsis para explicar cómo es posible que hayan acabado haciendo un trío.
Por la tarde habíamos llegado al lugar de acampada, estábamos solos y a esa hora de la tarde ya no se esperaba que llegara nadie más, mientras Pedro y yo montábamos una de las tiendas Esther se alejó hacia el lago, se desnudó completamente y se metió en el lago. Yo la miraba de reojo disfrutando de la vista de su espalda y su culo, se sumergió del todo y se puso a nadar. Pedro me sacó de mi ensimismamiento con una pregunta retórica.
—Está buena, ¿verdad?
Asentí levemente e hice como si continuara con el montaje de la tienda con miedo a que me abroncara.
Al poco rato Esther salió del agua y se quedó de pie un buen rato con el agua por los tobillos mirándonos descaradamente, mostrándonos su cuerpo desnudo que yo observé estupefacto y susurré para mis adentros: “joder”.
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Bueeeeno. Ya era hora que el guía demostrara un poco de interés por Esther. Si sigo con la escena sexual el guía se me va a desmadrar con Pedro, si se me pone chulo lo mataré en la próxima escena.
—Te hemos estado observando desde que te conocimos y nos apetecería tener sexo contigo —lo miré incrédulo y siguió hablando—. Me refiero a tener sexo con los dos.
No llegaba a procesar lo que me estaba proponiendo. Miré a Esther de nuevo que nos mostraba su cuerpo descaradamente y volví mi mirada a Pedro de nuevo asintiendo con la cabeza, primero poco a poco y a medida que me iba haciendo a la idea mi cabeza se movía con más ímpetu y mi sexo se iba hinchando de la excitación que me estaba dando pensar en ver desnudo a Pedro.
¡Insiste cabrón! ¡Qué es con Esther que deberías excitarte y no con Pedro!
Esther se acercó a nosotros, yo no le quitaba la vista de encima, su piel mojada brillaba a la luz del atardecer, le dio un beso apasionado a Pedro delante mío, se giró hacia mí y me besó acercando su cuerpo al mío.
–¿Entramos en la tienda? Me estoy helando –susurró Esther y entró en la tienda.
La siguió Pedro que al agacharse para entrar en la tienda le dí una palmada en el culo.
Vale, tú ganas. Pues que así sea, puta pesadilla de personaje que he creado. Ahora hago tu escena con Pedro.
El cuerpo fibrado de Pedro me había llamado la atención desde el primer momento, sus hombros tan masculinos, un culo de lo más apetitoso que estaba seguro era un buen martillo para el clavo que intuía que tenía.
Si la culpa es mía, tendría que haber seguido el lema de mi vida, ir por el camino de menor resistencia. No sé porque tengo que forzar este relato, primero lo del bosque, después este guía que va a su aire, debería dejarme llevar, fluir en las imágenes que me van llegando, dejar que los personajes tengan vida propia, ya me dijo Juan Pablo que las escenas de sexo son poco creíbles y debe ser porque las estoy forzando.
Yo estaba encima de Esther moviéndome y noté la mano de Pedro que me estaba acariciando la espalda, su mano llegó hasta mi culo, detuve mis movimientos y le sonreí.
Aquí lo tienes, a punto de caramelo, ¿ahora ya no creas resistencia? A ver si te gusta.
Se situó detrás de mí y me penetró con una embestida violenta que me hizo caer sobre Esther. El dolor fue brutal y me quedé paralizado.
¡Toma ya! Por pesado, enculado y sin poderte mover. Recuerda que Pedro la tenía de palmo y medio ¿o eso lo he puesto después cuando he repasado el texto? No me das pena, si no te gusta, no haber insistido tanto
¿Y ahora cómo sigo? ¿Que los tres bajan la montaña cogidos de la mano cantando Edelweiss? ¿Que el guía tiene la revelación de su nueva condición sexual? Pues vaya chorrada, si el guía se ha mostrado interesado en Pedro desde el principio. Escribir un relato erotico es lo que tiene, en cuanto se corren se acaban las endorfinas y no tienen más recorrido.
Si escribiera en papel haría una bola e intentaría encestar en la papelera que estaría en la otra punta de la habitación, me ha salido un relato de mierda. Mi intención era crear un personaje que tuviera una revelación, que la pareja le hubiera mostrado de forma generosa como disfrutar de los dos sexos, que lo fueran introduciendo casi sin darse cuenta, conduciéndolo hasta tener la experiencia homosexual y que al protagonista le gustara.
Estoy seguro que estaría bien probar, tocar otra polla, notar como palpita en la mano, probarla a ver cómo sabe, como se hincha en la boca, notar como te penetran, que están dentro de ti, que te poseen. Y para ello estaría bien meterse en la cama con una pareja, poder jugar para atreverse poco a poco, ir tocándolos, explorándolos, experimentar lo diferente que es un hombre y una mujer y cuando dudes que te ayuden a superarte o que te permitan poner tus límites sin problemas. Además, molaría que fuera con Pedro, creo que haría las cosas fáciles y físicamente es un tío majo, además, parece un tipo comprensivo que seguramente ayudaría a que me gustara esta primera experiencia. Y que estuviera Natalia, la pareja que ha traído las últimas veces, además está bastante buena y parece muy cachonda. Tener sexo los tres sería genial, no sé como podría planteárselo, tal vez si les propongo hacer una excursión por el bosque…
16/10/2026 @ 7:41 pm
PARTE III: LA RED
Mateo había dejado de distinguir los sueños de los recuerdos. Desde hacía años, cuando cerraba los ojos, regresaba siempre al mismo lugar: el bosque. No al bosque que conocían los excursionistas, ni al que aparecía en los mapas, sino a otro mucho más antiguo, enterrado bajo la montaña. Allí los árboles eran enormes y sus raíces formaban una red que se extendía hasta lugares que ninguna persona había pisado jamás. La primera vez que había llegado hasta allí fue después de encontrar el oro. No era oro como el que guardaban los bancos o las joyerías. Era un polvo dorado, tibio, casi vivo. Cuando lo tocó, sintió un estremecimiento y aquella noche soñó con los árboles. No hablaban con palabras. Le mostraban imágenes. Le enseñaron la montaña antes de que existieran los caminos, las casas y los hombres. Le enseñaron raíces que se comunicaban bajo tierra y una conciencia extendida por todo el bosque. Y le mostraron algo que Mateo llevaba años deseando volver a ver: su hija. Ella había abandonado a su familia para marcharse con aquel grupo de jóvenes que hablaban de espiritualidad, naturaleza y reconexión. Para ella era una nueva vida. Para su madre fue un abandono. Nunca consiguió aceptarlo. La mujer de Mateo dejó de comer, dejó de hablar y, finalmente, se quitó la vida. Desde entonces, la familia dejó de existir. Mateo nunca superó aquella pérdida. Por eso, cuando los árboles le mostraron a su hija durante aquellos sueños, quiso creer.
En uno de ellos apareció frente a él, vestida de blanco, exactamente como la recordaba. Mateo se quedó inmóvil.
—Papá… ¿por qué has venido?
Mateo la miró sin poder responder. Durante un instante volvió a verla como cuando era niña, corriendo por el jardín con las rodillas llenas de barro.
—Porque quería encontrarte.
—Me encontraste hace mucho tiempo.
—No —dijo Mateo, negando con la cabeza—. Te perdí.
Ella sonrió con tristeza.
—Yo no me perdí, papá. Me fui.
—Para tu madre fue lo mismo.
La sonrisa desapareció del rostro de la muchacha.
—Mamá nunca entendió por qué necesitaba marcharme.
—Y yo tampoco.
—Pero tú intentaste entenderme.
Mateo bajó la mirada.
—No lo suficiente.
Durante unos segundos solo se escuchó el murmullo de las hojas.
—¿Eres feliz? —preguntó Mateo.
Ella tardó en contestar.
—Aquí no tengo miedo.
—Eso no es lo que te he preguntado.
La joven se acercó y puso una mano sobre la suya.
—Tú también podrías dejar de tener miedo.
Mateo sintió un escalofrío.
—¿Cómo?
—Dejando de intentar recuperar lo que ya se ha ido.
—¿Y si todavía puedo recuperarte?
La muchacha lo miró fijamente.
—Entonces tendrás que aceptar que quizá no vuelva como tú quieres.
Mateo quiso preguntarle qué significaba aquello, pero ella se limitó a sonreír.
—¿Qué te han hecho? —preguntó él.
—Nada que el bosque no haga con todo lo que entra en él.
—¿Qué significa eso?
—Lo entenderás cuando dejes de pensar en la muerte como el final.
Mateo quiso abrazarla, pero cuando extendió los brazos ella ya no estaba. Solo quedaba un árbol frente a él. Y en la corteza había una pequeña marca con forma de círculo.
Mateo despertá sobresaltado. Aún tenía la mano cerrada. Dentro de ella había polvo dorado. Fue entonces cuando una voz que parecía proceder de miles de troncos le dijo: «La carne desaparece. La conciencia permanece». Mateo interpretó aquellas palabras como una promesa. El oro sería la llave. Los jóvenes beberían el preparado. La naturaleza los transformaría. No morirían. Serían otra cosa. Eso era lo que Mateo creyó. Pero el bosque nunca le había dicho que sobrevivirían. Había sido él quien había puesto aquella palabra. Cuando comprendió la verdad, ya era demasiado tarde. El bosque no transformaba a los humanos conservando aquello que eran. Primero destruía la carne. Después absorbía la memoria. Finalmente incorporaba la conciencia a su red.
Mateo intentó detener el ritual. Regresó a la finca cuando ya había comenzado. Y encontró a los diez jóvenes muertos. Entre ellos estaba ella. Su hija. La chica de la túnica blanca. Durante unos segundos fue incapaz de acercarse. Había reconocido su rostro antes incluso de verlo.
—Perdóname —susurró.
Pero ella no podía escucharlo. O quizá sí. El oro ya había entrado en sus cuerpos. Las raíces habían comenzado a crecer. Mateo comprendió entonces la verdadera naturaleza de la trampa. El bosque le había ofrecido aquello que más deseaba: recuperar a su familia. Pero no como él esperaba. Su mujer había muerto. Su hija estaba dejando de ser humana. Y él sería el undécimo. El último. La última semilla necesaria para despertar completamente aquella antigua red. Cuando la transformación terminó, los once quedaron convertidos en árboles.
Durante un tiempo, la casa permaneció en silencio. El cuaderno de Mateo quedó sobre la mesa. En sus últimas páginas había escrito todo lo que había aprendido. También había escrito una advertencia: «El bosque no concede deseos. Los interpreta». Después, nada.
Pasaron los años. La finca cambió de propietario. El nuevo dueño llegó una mañana de otoño con una camioneta, algunas cajas y la intención de reformar la vieja casa. Nadie le contó demasiadas cosas sobre el lugar. Solo que el anterior propietario había desaparecido y que la finca llevaba tiempo abandonada. Mientras revisaba las habitaciones encontró el cuaderno. Lo leyó durante toda la tarde. Al principio sonrió ante lo que consideró las fantasías de un hombre obsesionado. Después encontró las páginas dedicadas al oro. Y dejó de sonreír. Mateo hablaba de los árboles mágicos, del estado onírico, de la red subterránea y de los secretos que el bosque revelaba cuando alguien entraba en contacto con el oro. Y, al final, hablaba de algo que había guardado durante años: agua. Una pequeña botella conservada en la nevera. En la puerta del frigorífico había un símbolo extraño, grabado sobre el metal: una figura semejante a unas raíces formando un círculo.
El hombre encontró la botella. El líquido era transparente. No olía a nada. En el cuaderno había una última anotación: «Quien beba esta agua dentro del bosque recibirá aquello que más desea».
El nuevo propietario sintió una excitación infantil. Había leído historias sobre Mateo, pero aquello podía cambiarlo todo. Cogió la botella, se internó entre los árboles y, cuando estuvo lo suficientemente lejos de la casa, la abrió y bebió.
Durante unos segundos no ocurrió nada. Después, un frío líquido y denso comenzó a descender por su garganta. Tosió, buscando aire, pero al volver a inhalar sintió que el aire mismo se volvía espeso, acuático. El agua no se quedó en su estómago; comenzó a brotarle desde los pulmones, subiendo en una marea invisible. Cayó de rodillas, llevándose las manos al cuello en un intento desesperado por respirar, pero sus ojos solo reflejaban el vacío del claro. No había río, no había lago, solo la humedad del bosque que ahora respondía a su deseo de una vida nueva y pura. El hombre cayó de bruces sobre la hojarasca y su cuerpo, en lugar de corromperse, comenzó a perder consistencia, disolviéndose como hielo bajo el sol. En pocos minutos, allí donde había caído, la carne desapareció y solo quedó un charco cristalino que la tierra absorbió ávidamente.
La casa quedó vacía y el silencio regresó, pero solo durante un breve letargo.
Alimentada por esa nueva conciencia disuelta, la montaña comenzó a latir con una prisa renovada. Las semanas se convirtieron en meses y los meses en años, y con el paso de las estaciones, el bosque inició una expansión silenciosa e implacable. Los árboles jóvenes brotaron primero alrededor de la finca, devorando los caminos de entrada, y luego se multiplicaron hacia el valle con una velocidad sobrenatural. Donde antes había claros, ahora se erguían troncos robustos y apretados, cubriendo la montaña con un manto verde tan denso que parecía proteger un secreto muy antiguo.
Con el tiempo, el miedo al lugar se borró de la memoria del pueblo y las familias regresaron a la ladera. Padres, madres y niños recorrían los nuevos senderos, atraídos por una extraña nostalgia, una quietud magnética que les resultaba inexplicablemente familiar. Los niños, más sensibles a las corrientes invisibles, jugaban entre los árboles más viejos. Algunos los abrazaban en mitad de sus juegos; otros apoyaban la frente contra la corteza y permanecían inmóviles durante largos minutos, con los ojos abiertos, escuchando el fluir de la savia como si fuera un susurro diseñado solo para ellos.
Una tarde de otoño, una niña se separó de sus padres y caminó hasta un árbol enorme situado al borde del antiguo claro. Su corteza era gruesa y estaba llena de marcas. En una de ellas podía distinguirse algo parecido a un rostro humano. La niña apoyó la palma de la mano sobre el tronco. Cerró los ojos. Durante unos segundos no ocurrió nada. Entonces sonrió.
—Papá.
El árbol permaneció inmóvil. No soplaba viento. No se movía una sola hoja. La niña volvió a acariciar la corteza.
—Te he encontrado.
En lo alto del árbol, una rama comenzó a balancearse lentamente. La niña levantó la cabeza.
—Sabía que estás aquí.
El crujido que llegó desde el interior del tronco fue tan profundo que pareció surgir de las entrañas de la montaña. La niña sonrió. Sus padres la llamaron desde lejos y ella se volvió para correr hacia ellos. Antes de marcharse, sin embargo, miró una última vez al árbol. La rama seguía moviéndose.
Bajo sus pies, muy lejos de la superficie, las raíces continuaron extendiéndose. Se unían unas con otras. Entraban en la tierra. Atravesaban la montaña. Buscaban nuevos lugares. Nuevas personas. Nuevos deseos. Y en algún punto profundo de aquella red, donde ya no existían nombres ni rostros, algo recordó que una vez había sido humano. No fue un recuerdo completo. Apenas una palabra. Una voz perdida entre miles de raíces. Una voz que, durante un instante, pareció pronunciar el nombre de una hija.
Después volvió el silencio. El bosque permaneció inmóvil. Esperando.