Los libros no se venden
Por Juan Pablo Fuentes
Desde que estoy de becario en la librería La Malinche más de una amistad me ha preguntado si podía tener sus libros en depósito. Mi respuesta es siempre la misma, yo encantado, ningún problema, pero que no espere demasiado porque los libros no se venden. Les explico que está bien que tengan un punto de venta porque si alguien pregunta por su libro pueden indicarle donde comprarlo, pero que no esperen que alguien, al ver la portada, vaya a tener una epifanía y quiera llevárselo.
Lo sabía ya porque en la amiga librería Barra Llibre han tenido muchos años una sección de letraheridos donde anunciaban en primera plana y con carteles nuestras producciones. Y apenas se vendían. Mucho menos lo van a hacer si están disimulados, entre muchos, en una estantería.
Todo esto viene a colación por una noticia que se ha hecho viral estos días. Según un estudio de CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) un 49,4% de los libros no venden ni un solo ejemplar, un 13% solo vende uno y un 20% no llega a los 10. Para terminar de rematar solo un 4,5% vende más de cien ejemplares. Los datos son demoledores.
Hay que hacer algunas salvedades porque estamos hablando de ventas en librerías. Seguramente muchos de esos libros han vendido ejemplares en presentaciones o por otros canales de ventas, pero sigue siendo una fotografía exacta de las ventas reales a pie de calle. Si tu libro no está anunciado, no es conocido, no te han hecho una entrevista en algún medio, o te siguen muchas personas en las redes sociales, no lo vas a vender. De leerlo ya ni hablamos.
Cada vez son menos quienes logran vivir directamente de las ventas de sus libros. Para muchos vender una tirada de 500 ejemplares es todo un éxito y si pensamos que las ganancias por libro son de unos 2 euros, ya pueden echar cuentas. O tienen otra profesión o, gracias a sus publicaciones, consiguen colaboraciones, impartir talleres u otros oficios relacionados que son los que le llevan el pan a casa.
Hasta a mí me cuesta vender libros que me han encantado pero que son desconocidos. El destino natural de todo lo que escribimos parece que es la irrelevancia. Pero no caigamos en la depresión. Solamente tenemos que ser conscientes de la realidad. Y soñar que nos puede pasar como a tantos clásicos, que fueron ignorados en su tiempo y después alcanzaron el éxito. Quien no se consuela, es porque no quiere. ¡Ay!