La IA que no cesa
Por Juan Pablo Fuentes
Leí hace poco en redes sociales el hartazgo ante la avalancha de carteles de fiestas de pueblos creados con IA, todos con el mismo estilo perfectamente reconocible. Llega un momento que satura. Así me siento yo con las noticias que van saliendo sobre este tema relacionado con la literatura. Así que, para mi desgracia, toca repetir.
En uno de los últimos vermuts literarios celebrados en la librería La Malinche propuse el siguiente juego. Extraje un fragmento de un libro publicado y premiado y le pedí a cuatro modelos de lenguaje (ChatGPT, Claude, Gemini y Deepseek) que me lo reescribieran, mejorándolo si era posible. La idea era ver si los asistentes podían detectar cuál era el que había sido escrito por un humano.
Los resultados fueron terribles. No solo nadie adivinó cuál era el texto del humano, sino que hubo unanimidad en que parecía escrito por una máquina. Reconozco que hice un poco de trampa. Era un libro premiado, sí, pero por el Planeta. Y el estilo literario, en fin, qué decir, ya se ha hablado mucho sobre el tema y la escasa calidad de su escritura. Parecía que, al menos en lo que a superventas se refiere, ya no somos capaces de distinguir entre lo natural y lo artificial.
Pero la cosa va más allá; uno de los finalistas al premio Goncourt, C’était ça ou mourir (Era eso o morir), del canadiense Thélyson Orélien, ha sido excluido del premio porque un usuario afirmó que estaba escrito con IA. Usando una de las herramientas más fiables del mercado se vio que cualquier fragmento escogido del libro daba un 100% de probabilidad de ser generado por una máquina. Adjuntaba fotos.
Nosotros hemos querido hacer la comprobación, no nos vamos a fiar de un usuario cualquiera de internet. Hemos obtenido una copia del libro, hemos pasado fragmentos por los dos detectores más fiables del mercado, Pangram y GPTZero, y, efectivamente, los dos confirman que se tratan de textos generados por IA. El autor lo niega y es cierto que no es una prueba concluyente, pero a los ojos de expertos y periodistas que han investigado el caso, lo han pillao con el carrito los helaos.
Lo había publicado la editorial Grasset y había sido un éxito de ventas, y estaba muy bien posicionado para ganar el Goncourt. Parece que lo han detectado a tiempo, pero me parece terrible que ni la editorial ni el comité del premio hicieran un peritaje antes. De momento todos han puesto el grito en el cielo y han rechazado el libro, pero vaticino que dentro de unos años este tipo de productos será admitido sin ningún problema. Se vienen tiempos interesantes.
A propósito: ¿qué dicen los detectores del ganador del último premio Planeta? Pues a diferencia de los ojos inexpertos de nuestros lectores, lo califican como escrito por un humano. Estará mal escrito, tendrá un estilo plano, pero es legal. Algo es algo.